jueves, 16 de junio de 2011

Primera etapa de madurez de Irene

Siempre me ha parecido que Irene ha querido adelantarse a su edad. Con 5 ó 6 meses, se enfadaba consigo misma porque no podía incorporarse y moverse a su capricho. Unas cuantas semanas después sufría horrores porque no era capaz de caminar. Y así ha sido durante los últimos 3 años y pico, con todo lo que ha intentado. Constantemente ha querido ser mayor, ha sentido que es mayor.

Irene ya tiene una edad en la que, al mismo tiempo que sigue cambiando y aprendiendo, se empiezan a estabilizar su carácter, su personalidad y sus emociones (luego llegará la adolescencia para dar al traste con todo eso). Además de su habilidad para mantener conversaciones (aunque es un poco tímida al principio, cuando no conoce bien a las personas con las que está), contar lo que ha vivido por la mañana en la guardería o inventarse sus propios juegos, personajes y cuentos, ha empezado a hacer preguntas de cierto alcance intelectual.

Por ejemplo, no hace mucho nos sorprendió preguntándonos:

-¿Por qué se va el sol?

Curiosamente, Irene se estaba planteando qué era eso de que el sol no estuviera todo el tiempo en el cielo y, en su lugar, acudiera la noche. Se encuentra en plena comprensión del mundo que le rodea. Lo observa todo y quiere saber qué se encuentra detrás de cada cosa que ve y de su funcionamiento.

También puede soltarte algo mucho menos concienzudo:

-No me toques sin permiso.

Santo Cielo, ¿ya está marcando su territorio? Seguramente sí, porque hace mucho que pretende elegir su propia ropa y todo lo que se pone. No se puede negar que es bastante femenina, hasta extremos que nos hacen entablar más de una discusión con ella. Aun así, de vez en cuando logra persuadirnos para que, por ejemplo, le pintemos las uñas (fijaos bien en la siguiente foto).

Con Irene es imposible no reírse, aunque el número de reprimendas ha aumentado. Esto se debe a que, ahora más que nunca, hay que poner límites a su personalidad incipiente y conseguir que dé su justo valor a todo.

Pero, inevitablemente, una de las actividades que debe hacer durante el próximo curso es asistir a clases de baile. Sus dotes y su salero danzando al ritmo de casi cualquier música (da igual que sean unas sevillanas que la canción más reciente de Shakira) son más que destacables y dejan a más de uno boquiabierto. Y hay que ver lo bien que le sienta cualquier disfraz, por no hablar del vestido de flamenca.

En definitiva, Irene y su mundo siguen creciendo. A medida que pasa el tiempo resulta más fácil describir tanto sus virtudes como sus defectos. Pero en un artículo tan sentimental como este (que seguramente ella misma podrá leer dentro de unos años) será mejor que hablemos sobre todo de lo positivo.

1 comentario:

Francisco Javier Illán Vivas dijo...

¡Cómo pasa el tiempo! Se nota que el padre está de un feliz que no cabe en él.

Abrazos.