viernes, 11 de noviembre de 2016

¡Plop!


Soy todopoderoso. Casi omnisciente. Aun así, llevo eones sopesando un dilema. Puedo viajar en el tiempo con un solo pensamiento; lo sé porque lo siento en cada molécula de mi ser, al igual que siento la distancia entre un planeta y otro o las ansias por conocer más allá de lo que conozco. Pero nunca lo he hecho.

Hace mucho que me planteo viajar al pasado, para comprobar si se cumple el principio de causalidad y un pequeño cambio puede modificar toda la realidad o, por el contrario, un acto como este genera universos paralelos. Esto último me parece menos probable, porque se habría debido demostrar ya si alguien hubiera viajado en el tiempo y lo hubiera hecho, a no ser que yo sea el primero que se propone viajar al pasado o bien esté atrapado en una de esos universos alternativos y no pueda percatarme de los cambios que han generado otra realidad. 

La autoconsistencia del cosmos me preocupa más. Tengo claro que, por si prevalece la protección cronológica de los acontecimientos, no debo hacer absolutamente nada cuando me desplace a un tiempo anterior. 

Y ya está decidido. Voy a empezar con una prueba. Me moveré atrás tan solo unos segundos, algo insignificante... Tal vez me vea a mí mismo decidiendo todavía lo que ya he hecho. O todo sea una nube de vibraciones que no me permitan percibir mi existencia pasada ni futura. Allá voy.


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