lunes, 3 de septiembre de 2007

Colaboraciones: Fragmentos de En tiempo de prodigios, de Marta Rivera de la Cruz

Conocí a Marta Rivera de la Cruz durante la última edición de la Feria del Libro de Sevilla. Semanas antes, la había visto hablar animadamente con los lectores sobre su libro En tiempos de prodigios, finalista del Premio Planeta 2006, cuando fue invitada al programa El Público, de Canal Sur 2. Al verla aquella tarde en uno de los puestos, me acerqué, cogí su libro y le pedí que me lo dedicara. Antes de que lo hiciera, mi mujer y yo entablamos conversación con ella, recordándole precisamente su intervención en dicho programa de televisión.

En pocos minutos, resumió en qué había consistido su carrera literaria. Lo hacía con la mayor afabilidad, como si estuviera en una tertulia entre amigos. Esa confianza que suscitaba me alentó a explicarle algo acerca de mis propias aspiraciones. Marta me animó a seguir adelante y no cejar. Podría parecer una fórmula habitual, de una escritora consagrada a otro con una carrera incipiente, pero a mí me pareció muy sincera al desearme suerte. Prometí escribirle cuando hubiera leído el libro y ella tuviera en funcionamiento su página web.

Hace poco, terminé de leer En tiempos de prodigios. Comprobé que Marta ya tenía su propio rincón en internet y le envié un mensaje con mis comentarios sobre la hermosa historia que cuenta en su libro. En referencia a lo que yo le decía de Ladrones de Atlántida, me respondió: "Me alegro de que se recupere tu novela. [...] Por fortuna, a veces hay una segunda oportunidad. Te deseo toda la suerte del mundo en esta nueva vida de tu novela."

Esta colaboración es diferente a las que publico usualmente aquí. Son reflexiones que he extraído de la novela de Marta Rivera y que ella me ha autorizado a reproducir aquí. Se trata de esas frases que necesitas subrayar imperiosamente mientras estás leyendo, sacrificando la pureza del papel blanco a cambio de guardar memoria de pensamientos excepcionales, al menos para quien los leyó. Con el libro de Marta, esta necesidad acudió pronto. Rescato algunos de estos pensamientos:

"Frente al dolor siempre estamos solos, y es necesario aprender a administrar esa sensación." (página 74)

"Creo que uno de los más raros momentos de la infancia es aquel en el que descubres que tus padres te mienten. Hay algo que se quiebra, una especie de decepción sorda, de mudo reproche hacia aquellos en los que habías depositado tu confianza absoluta en la seguridad de que nunca iban a engañarte." (página 86)

"Esto es la amistad, pensé. La necesidad de compartir la alegría, mucho más que la obligación de compartir la pena." (página 224)

"Mi silencio, mi hipocresía, es sólo la consecuencia indeseable de una educación pretendidamente civilizada. Nos enseñan a respetar a los demás. Nos enseñan a no inmiscuirnos en las vidas ajenas, y al llegar a la edad adulta entendemos ese comportamiento como una muestra suprema de buena educación. Me pregunto si estamos en lo cierto." (página 281)

"[...] me dijo que es muy difícil conocer a las personas que uno va encontrándose en el camino, y que las decepciones con los amigos son el pan nuestro de cada día, lo cual no debe inducirnos a desconfiar de la gente, pero sí hacernos más prudentes en nuestras nuevas relaciones." (página 466)

"Espero que el final te guste. Si el final no es bueno, las historias no valen la pena." (página 477)



Gracias, Marta.