lunes, 12 de marzo de 2007

Taller: La carrera previa del escritor (VII)

Editoriales, la vía segura

En España hay unos 3.500 editores. Cada año se conceden más de 75.000 ISBN y una quinta parte son libros de literatura. Estas cifras definen una de las industrias editoriales más fuertes del mundo, gracias a la salida comercial que brindan los países americanos de habla hispana, a pesar de que los hábitos de lectura de los españoles dejan mucho que desear.

El acceso al mundo editorial es una de las grandes preocupaciones del escritor, aunque no debería ser la más importante. Es difícil que una editorial apueste por un autor todavía desconocido. Hallar esta oportunidad es difícil, pero no imposible. Los responsables de las grandes editoriales aseguran que leen todos los manuscritos que les llegan y contestan a sus autores. Además, hay pequeñas y medianas editoriales que siempre son más accesibles para abrirse camino a través de ellas. El secreto está en la perseverancia.

Si pensamos sinceramente que nuestra obra es de calidad, conviene ponerse en contacto con las editoriales y enviarles la obra concluida y revisada para que la lean y la evalúen con vistas a su posible publicación. Es la vía más segura, ya que el autor puede conseguir el respaldo de una editorial con todos sus recursos, aunque también puede ser la más difícil.

Si se inicia el contacto de forma inapropiada, se puede estar perdiendo el tiempo y haciéndoselo perder al editor, incluso se le puede molestar, repercutiendo en la reputación del escritor y sus posibilidades de publicar. Debe procurarse utilizar la etiqueta y la máxima formalidad en las cartas que se envíen, ya sean por escrito o por correo electrónico.

Otro aspecto a tener en cuenta es la elección de la editorial que más se ajusta al proyecto que se ofrece (por género, temática, línea editorial). En la Federación de Gremios de Editores de España se pueden encontrar numerosos datos sobre el sector y es posible localizar cualquier editorial española mediante un buscador y un directorio con presencia en Internet.

Presentación y envío de la obra
La mayoría de las observaciones que hemos hecho con respecto a los concursos son aplicables en este apartado, pues la obra debe cumplir los mínimos requisitos de presentación. Como ya hemos hecho constar antes, sería un grave error presentar un manuscrito cargado de errores y faltas. Las editoriales, que reciben decenas de originales, rechazan inmediatamente los que tienen defectos de presentación.

Además de lo ya expuesto, en la cubierta deben aparecer el título y el género de la obra y el nombre, la dirección, el teléfono y la dirección de correo electrónico del autor.

Junto con la copia de la obra que se enviará por correo, debe adjuntarse una carta de presentación concisa y educada donde, además de los datos personales, se destaque el currículo del autor como escritor (premios y otras obras escritas o publicadas).

Proceso de selección
El tribunal examinador del editor evalúa las siguientes características:

- Calidad del estilo y de la obra literaria.
- Interés y sustentación de la historia narrada.
- Brillantez y originalidad de las ideas.
- Ajuste con la línea editorial de la casa.

El proceso de selección tiene tres fases:

Primera criba. Se devuelven directamente los manuscritos que no se ajusten a la línea de la editorial. Por eso hay que conocer las editoriales y sus colecciones antes de enviar inútilmente un trabajo.

Lectura rápida. Se hace una lectura general saltando páginas para ver el estilo y la forma de desarrollar la obra. El examen dura cinco o diez minutos. En esta fase se devuelven el noventa por ciento de los manuscritos, acompañados de una carta prototipo que no hiera la sensibilidad del autor.

Lectura minuciosa. Uno o varios lectores ajenos a la casa leen el manuscrito y hacen un informe con el resumen de la obra, un análisis y puntualizaciones. Luego la pasan al responsable literario y la obra puede ser leída varias veces antes de superar la criba final, que es la mesa del editor (éste es quien tiene la última palabra). Si finalmente la obra es rechazada, se suele devolver con una carta personalizada.

La selección es dura y pocos la superan. En cualquier caso, ningún editor que rechace una obra le confesará directamente al autor la pobreza del manuscrito, ya que éste es un cliente potencial.

A Upton Sinclair, autor norteamericano con más de noventa libros publicados, le rechazaron su obra cumbre, La jungla, en más de cinco editoriales. A James Joyce, el autor de Ulises, le rechazaron su primer libro de cuentos cortos en 22 editoriales. La obra de Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura en 1954, también fue rechazada en numerosas ocasiones. Al escritor austríaco Robert Schneider, le rechazaron el manuscrito de su primera novela 67 veces en editoriales de tres países.

Es muy recomendable leer también los Consejos al autor que José Miguel Desuárez, director de Hipálage, ofrece en la página web de su editorial.

Fuente: Librería Fuentetaja

Experiencia personal
Vamos a incluir aquí la experiencia personal de José María Carrasco, autor de Capitán Nadie. Representa un caso singular. No es de esos escritores que desde siempre han estado persiguiendo concursos o intentando que otros le lean. Por regla general, escribía por simple distracción y nunca pensó que sus escritos tendrían lectores. Sin embargo, un buen día decidió que ese relato que había escrito podía tener opciones y lo envió a cuatro o cinco editoriales, eligiéndolas con mucho cuidado según el tipo de obras que publicaban para apuntar bien el disparo. Al cabo de unos meses, cuando menos lo esperaba, una de ellas le respondió afirmativamente –siempre cuenta que el momento en que leyó la carta lo vivió como un verdadero sueño, como si en ese instante no estuviera despierto- y hace un año que su primera novela se encuentra dentro de la colección Periscopio de EDEBÉ.

La mayor ventaja es el respaldo que está recibiendo por parte de la editorial, pero esta característica, lamentablemente, tampoco se da siempre, aunque te ocurra como a él y sea la editorial la que seleccione tu obra para ser editada. Por otra parte, después de firmar el contrato, no volvió a saber nada del libro hasta que recibió la caja con los ejemplares de cortesía, es decir, no pudo participar en ninguna decisión sobre su aspecto final. Supone que esto es la norma, para evitar retrasos y conflictos de opinión.




Nota: Material extraído del taller literario “Tengo una historia, ¿quién me la publica?” impartido el 27 de mayo de 2006 durante las I Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas, Sevilla.