domingo, 7 de octubre de 2012

Reflexiones de un ser mundano: El mundo del fin del mundo


Aunque el verano ya nos había abandonado, hace apenas dos semanas se podía circular tranquilamente a hora punta por algunas de las calles y avenidas de Sevilla que normalmente están más transitadas. Pero, de repente un día, a finales de septiembre, empezaron los embotellamientos otra vez y la circunvalación volvió a registrar el típico tráfico intenso y lento. ¿Dónde estaba antes toda esa gente?
 
Hasta que aparecieron, yo pensaba que había mucha más gente sin trabajo de lo que queremos creer, porque en esas fechas habría sido lógico encontrar muchos más atascos. Pero, cuando las calles se llenaron de vehículos de un día para otro, sopesé que tal vez se habían puesto de acuerdo para prolongar el veraneo. Quizá nadie estaba guardando días de vacaciones para Navidad, puesto que el mundo se acabará antes (según vaticinan algunos pesimistas).
 
Este es el mundo del fin del mundo, el que cabría esperar. Un mundo de silencio, de malestar, de pesadumbre, de tristeza, de incertidumbre... El mundo que está propiciando esa interminable crisis que todo lo envuelve, convertida en recesión inabordable. De alguna manera, parece, sin duda, el principio del fin.
 
Para colmo, los científicos dicen que la actividad magnética solar, que sigue ciclos de 11 años, está aumentando significativamente. Tampoco los astrofísicos nos dejan vivir tranquilos. Los ciclos solares son fenómenos que tienen una influencia determinante en los procesos de calentamiento y enfríamiento de nuestro planeta. Pero, además, están las tormentas solares, como la que se produjo en 1859.
 
Entre agosto y septiembre de ese año, el Sol emitió una gran eyección de masa coronal, una inmensa llamarada con un área de fulguración que emitió el doble de energía de la que es habitual. Unas diecisiete horas después, partículas de carga magnética muy intensa azotaron la Tierra, cuyo campo magnético se deformó completamente, lo que permitió la entrada de partículas solares hasta la alta atmósfera. Esto provocó interrupciones en las redes de telégrafo en Europa y Norteamérica y se observaron auroras boreales y cortinas de luz en zonas de baja latitud como Madrid, Roma, La Habana o Hawai.
 

En marzo de 1989, una tormenta solar mucho menos intensa, provocó que la planta hidroeléctrica de Quebec (Canadá) se detuviera durante más de nueve horas, provocando daños y pérdidas valoradas en cientos de millones de dólares. La tormenta solar de 1994 causó errores en dos satélites de comunicaciones, afectando a los periódicos, las redes de televisión y el servicio de radio en Canadá. Otras tormentas han afectado a sistemas, desde servicios móviles y señales de televisón hasta sistemas GPS y redes de electricidad.

¿Qué pasaría si se repitiera una tormenta solar perfecta, como la de 1859? ¿Qué ocurriría si todo se paralizara de pronto, si la tecnología y la electrónica, de la que tanto dependemos, dejara de funcionar? ¿El fin del mundo?

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