Siempre me ha gustado el cine. Si no he podido asistir a los estrenos en las salas, he procurado ver las películas después en el sofá de mi casa, desde las cintas VHS y los videoclub hasta los DVD y las plataformas actuales. Durante todos estos años he vivido experiencias inolvidables gracias a la gran pantalla y al televisor.
Perdí la cuenta pero vi más de diez veces En busca del Arca Perdida, historia con la que me sentí un intrépido aventurero al lado de Indiana Jones y con la ayuda de su extraordinaria banda sonora, que encaja a la perfección con cada segundo del metraje, desde que empieza hasta que acaba.
Disfruté con los dinosaurios de Jurassic Park, que ilustraban la novela que había leído previamente con placer y hacían realidad lo que muchos habían imaginado.
Sentí auténtica tensión de diferentes maneras deleitándome con Con la muerte en los talones, Tiburón, Los Intocables de Eliot Ness, Fallen, Seven y Monstruoso.
Me sorprendieron los giros de guión de El golpe, Doce monos, The Game, El sexto sentido, Incautos y Crash, así como el original montaje de Pulp fiction, El efecto mariposa y Al filo del mañana.
Me conmovieron los personajes de Big, Cadena perpetua, Shine, Forrest Gump, El Show de Truman, Una cuestión de tiempo y Campeones.
Me partí de risa como nunca antes con Los Cazafantasmas, La Máscara, Algo pasa con Mary, Full Monty, El gran Lebowski, Shrek y Deapool & Wolverine.
Me trasladé a otro mundo con Matrix, Amélie, Big Fish, Apokalypto, Ágora y Avatar.
Tuve que reflexionar sobre lo que significaba vivir en el mundo actual con Concursante y descubrí que el espacio y el tiempo podían interpretarse de otra manera con La llegada.
Incluso viví nuevas emociones cuando por fin vi a los superhéroes cuyas historietas había leído desde la niñez en productos como Spiderman y Spiderman 2, Vengadores y Vengadores: Infinity War. Llegué a pensar que nada podría superar a la experiencia de Vengadores: End Game y Spiderman No Way Home.
Pero entonces llegó Spiderman: Un nuevo día.
Desde el primer minuto la película conectó conmigo y yo conecté con la película. Cada escena, cada expresión me mantenía en un estremecimiento continuo debido a la diversión que me embargaba. Me hizo sentir algo que nunca había vivido y que es difícil de explicar. Por fin vi en la pantalla aquello que durante tantos años habían recreado las viñetas de los cómics. El superhéroe que tanta admiración ha despertado siempre. Teníamos frente a nosotros al auténtico Spiderman y al auténtico Peter Parker simultáneamente, con problemas personales, con sufrimiento y sacrificio, con un poder enorme que tenía que contener para no hacer daño a sus oponentes, con una cantinela de frases y chistes que hacían mella en los rivales... En lo que se refiere a cómo me ha afectado personalmente y a las sensaciones que me ha provocado, creo que esto sí que resulta imposible de repetir. De hecho, en una segunda visión, que también he disfrutado, ya no ha sigo igual.
Pero estoy muy satisfecho.


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