miércoles, 30 de enero de 2008

Charla en torno a La mágica pelliza de Carlos Marx, de Rafael Raya

Sin duda, el título de esta novela, la última publicación del escritor Rafael Raya Rasero, resulta llamativo por la mezcla de un término tan castizo como "pelliza" y con el nombre de Marx. Se establece un vínculo extraño que solo puede entenderse leyendo la obra. Sobre esto estuvimos dialogando ayer con el autor, en la librería Casa del Libro de Sevilla, el escritor peruano Fernando Iwasaki y yo.


Tanto Fernando como Rafael son hijos adoptivos de Sevilla. Uno procede de Lima y el otro de Montilla, que es, a su vez, uno de los vínculos entre ambos, pues Iwasaki ha estudiado meticulosamente la historia de Montilla, en particular los siglos XVI y XVII.

La conversación con ellos y con el público resultó muy entretenida. Fernando Iwasaki me pareció una persona inteligente y atenta (me agradó su fuerte apretón de manos, acogedor y afectuoso). Fue una pena que no pudiera quedarse al término del acto para continuar la interesante charla que habíamos mantenido. No obstante, antes de su marcha le pedí un favor. No podía faltar su dedicatoria en mi ejemplar de Neguijón, una novela divertida y crítica que recomiendo leer. Espero que volvamos a encontrarnos para hablar tranquilamente.

lunes, 28 de enero de 2008

Colaboraciones: Mala suerte, de Cristina Monteoliva

Un día, Cristina entró tímidamente en mi trayectoria como escritor. Creo recordar que fue por correo y que me conoció a través de mi web. A partir de ahí, hemos mantenido el contacto, que se ha reforzado desde que yo descubrí su blog, El viaje imaginario, y ella el mío. Gracias a este medio, intercambiamos impresiones e ideas.

Como compartimos intereses en cuanto a la literatura y ella también hace sus pinitos escribiendo, le pedí una aportación para mi rinconcito en la red. Finalmente, eligió este relato, publicado el 17 de agosto en el periódico Ideal de Granada. Fue uno de los treinta finalistas de entre todos los cuentos presentados al certamen que el diario organiza todos los veranos. Más tarde, se editó un libro con los cuentos seleccionados. Así que os recomiendo que la sigáis de cerca, porque solo acaba de empezar a cosechar éxitos literarios.

Mala suerte

Está amaneciendo y un molesto rayo de Sol penetra en mi celda para arrancarme de mi profundo sueño. Me levanto, estiro las extremidades inferiores, luego las superiores y, tras dos minutos, ya estoy de nuevo tumbada, vencida por el aburrimiento. Todo indica que será otro largo día más en prisión.

No hace mucho me trajeron un vecino de celda. Es un tipo extraño: baja estatura, pelo marrón, ojos grandes, duerme casi todo el día y las noches se las pasa brincando de un lado a otro. No hay mucha diferencia entre tenerle cerca o no, pues habla en una lengua que desconozco. De todas formas, me parece un ser demasiado soso para mi gusto. Ojalá tuviera a alguien interesante con quien mantener una buena conversación.

El patio es grande y está lleno de chismes inútiles. Cuando me sueltan allí sólo pienso en correr y saltar los obstáculos, en ejercitar mis músculos para que no se atrofien, puesto que en la celda no puedo moverme mucho. Pero mis carceleros no suelen dejarme en paz: en cuanto me descuido, me agarran y me abrazan, como si fuera una hermana, una amiga o un antiguo amor de instituto. Yo no sufro del síndrome de Estocolmo, y nunca aprendí a disimular; así que jamás podré corresponder a tan efusivas y extrañas muestras de cariño. Ya que me quieren tanto, ¿por qué no me dejan libre? ¿Por qué quieren tenerme encerrada por toda la eternidad? Definitivamente, hay amores que asfixian por egoístas.

Todas las veces que he intentado huir, me han echado los perros. Aunque me he vuelto más habilidosa con el tiempo, ellos siempre terminan atrapándome... no sin antes llevarse un buen arañazo o algún que otro mordisco de mi parte, por supuesto. Son grandes, pero no me asustan. En cambio, sé que, por la forma en la que me miran, ellos han empezado a temerme. ¿No es curioso?

Admito que hay algo que me gusta: la comida. Al principio pensé que nunca podría adaptarme a una dieta vegetariana estricta, pero lo cierto es que no tardé mucho en cogerle el gusto. Además, y como no hay muchos pasatiempos con los que entretenerse en este lugar, me paso el día intentando adivinar a qué hora me la traerán, si tocarán zanahorias o lechuga, si incluirán algún trozo de pan en el plato... Generalmente, suelo perder: acertar es tan probable como ganar la lotería.

A veces, como hoy, ni siquiera la comida me sirve de aliciente. Me encuentro francamente desanimada y me quedo todo el día acostada, viendo las horas pasar, preguntándome cuándo acabará esta pesadilla, cuando volveré a la gran bóveda blanca... Si tan sólo pudiera dar marcha atrás en el tiempo...

Era mi primera vez y estaba desorientada, no era consciente de la importancia de mis decisiones. Debí hacerle caso al tipo de la cola, aquel que me advirtió del riesgo que corría al dejar que los señores de la bata blanca y los instrumentos mágicos eligieran por mí. Pero estoy escarmentada: ésta es la última vez que dejo que me reencarnen en una maldita coneja enana de color blanco.

domingo, 27 de enero de 2008

Los padrinos de Irene

Desde el 6 de enero, Irene tiene padrinos oficialmente. Son sus titos Pilar, madre de su prima Pilarcita y hermana de su madre, y Francisco Luis, hermano de su padre. Ambos están muy contentos con la misión que les ha tocado desempeñar. En particular, el Padrino, ese personaje que ha aparecido por aquí en alguna ocasión intentando ocultar su identidad, ha querido manifestar sus impresiones de la siguiente manera:

IRENE
[...] Hoy quiero hablar de mi sobrina. Irene. Ella aún no ha nacido, pero ya me ha robado un trozo de mi corazón. Aún falta algo más de un mes para su llegada, pero su tito la espera con los brazos abiertos. La verdad es que estoy muy emocionado. Y muy feliz. Me parece mentira cuando me doy cuenta lo que Irene es capaz de mover en este mundo. Sobre todo en los que estamos más próximos a sus papás y a ella misma.

El pasado día de Reyes, 6 de enero, mi hermano y mi cuñada me hicieron el mejor de los regalos. Me anunciaron que habían decidido otorgarme el privilegio y el orgullo de ser el padrino de esta criaturita. No sé si fui capaz de expresarles toda mi gratitud, pero espero que fuesen capaces de interpretar mi cara de satisfacción y alegría y mis ojos humedecidos y brillantes. Me hace muchísima ilusión. Seré el padrino de Irene. Ya me imagino bañando a esta pequeñaja o cambiándole algún que otro pañal. Ya me la imagino mirándome, sonriendo mientras le hago una payasada.

La cunita de Irene

Hace unos días estuve en casa de los papás. Les eché una mano en el acondicionamiento del dormitorio de Irene. Color en las paredes, cenefa infantil, pegatinas con motivos de Disney... movimiento de muebles... montaje de cuna... cambio de cortinas... peluches... y ya está. Irene ya tiene su dormitorio preparado. Pasé todo el día allí, y no sé cuantas veces me asomé al dormitorio de Irene durante la tarde. Solo falta ella. Me acercaba a la cuna y veía esa misma imagen que encabeza esta parrafada: Una cuna llena de vida y color. Cuanto te quiero Irene y todavía no te conozco. Que ganas tengo de que llegues.

Originalmente apareció en el fotolog de Muri.

jueves, 24 de enero de 2008

Crónica de la presentación en Librería Beta Imperial

El pasado sábado 19 de enero se celebró una nueva presentación de Ladrones de Atlántida con gran éxito de público. Carlos Sanjosé, representando a la Editorial C&M, y el célebre escritor Rafael Marín, como presentador, me acompañaban en la mesa de la Sala Vázquez. Podéis leer un resumen del acto en mi web. También tenéis reseñas en los blogs Historias de un marvelita y la Larga espera. Gracias.

miércoles, 23 de enero de 2008

domingo, 20 de enero de 2008

Colaboraciones: La quima, de José Carlos Somoza

Como ya he contado en alguna ocasión, conocí a José Carlos Somoza de la manera más común: en una firma de libros. Fue en Barcelona, el Día del Libro y de Sant Jordi de hace dos años. Me hice con un ejemplar de ZigZag y José Carlos estampó su dedicatoria en el mismo. Desde entonces, gracias al tiempo y al esfuerzo que dedica al foro de su web, atendiendo a todos sus lectores y seguidores, he podido mantener fácilmente el contacto con él. Se ha labrado entre nosotros una especie de amistad (yo diría que una amistad en toda regla), pese a que no hemos vuelto a coincidir en persona.

J. C. Somoza a punto de dedicarme el libro

Hace unos días le pedí una contribución para esta sección y, con la celeridad y la cortesía que son habituales en él, José Carlos me respondió enviándome La quima, un relato breve que se ha publicado recientemente dentro de la antología Fantasmas de papel. Como todo lo escrito por José Carlos, merece la pena que lo conozcáis.

La quima

La historia de la quima me la contó mi abuelo. No es bueno -decía- ponerse a mirar el cielo durante mucho tiempo, porque puedes ver una quima, y ay de ti si eso sucede. ¿Y qué es una quima?, preguntaba yo. Pues un pájaro, pero más veloz. Como una paloma, pero más blanca. Tan blanca que te hiere los ojos y te hace verlo todo gris: la nieve, las nubes de verano, los rayos de la luna, el alabastro, la piel de los muertos, el papel sobre el que escribo..., hasta las sagradas formas (y aquí mi abuelo se santiguaba), que Dios me perdone. Cuando ves una quima, ya no hay remedio: todo lo que miras después se vuelve gris.

Ya soy viejo y no creo en las quimas. Pero acabo de recordar algo.

Era una niña. Nunca supe su nombre. Tenía el pelo color almiar. La vi por primera vez en la iglesia, durante mi primera comunión. Tan embobado quedé al verla que un compañero decidió empujarme para que avanzara hacia el altar. Ella pertenecía a otro colegio, y después de la comunión se marchó. Yo no tardé en olvidarla.

Hasta hoy.

La memoria de los viejos es rara. Desde hace tiempo me obsesiona esa pregunta que todos nos hacemos alguna vez: si he sido feliz, o lo soy, o puedo esperar serlo. He concluido que un matrimonio, un trabajo, unos hijos, una jubilación y una viudez apacible no me permiten quejarme: puede decirse que he sido razonablemente dichoso durante mis sesenta y nueve años de vida. Pero a saber por qué hoy, de improviso, mientras me afeitaba, me ha dado por acordarme de esa niña; de lo despacio que caminaba al ir a comulgar, con la cabeza erguida y la sonrisa pendiente del rostro como una fruta del árbol; de su vestido blanco, tan blanco que me hería los ojos, y del susurro de la tela al moverse, como un suave batir de alas...

viernes, 18 de enero de 2008

ScifiWorld Magazine: Nuestros autores III


JOSE CARLOS SOMOZA ES EL AUTOR DE MODA, QUE HA REVOLUCIONADO EL GALLINERO CON SUS LIBROS DE CIENCIA FICCIÓN Y TERROR. TODO UN REFERENTE A TENER EN CUENTA Y QUE HA COSECHADO EN LOS ÚLTIMOS AÑOS LEGIONES DE SEGUIDORES.

Conocer a un escritor en una firma de libros no es nada original. Pero se trata de un acto efímero que puede dar pie a plantear una relación más duradera. A mí me ha ocurrido con varios escritores. Aprovechando el lapso de tiempo que utilizan para redactar la dedicatoria de rigor, he intercambiado con ellos impresiones muy interesantes. Unos eran escritores noveles casi anónimos o, al contrario, autores consagrados; otros eran superventas de actitud humilde que contaban sus experiencias; incluso algunos, a pesar de su celebridad, hablaban con desaliento de la dura carrera de escribir.


Continúa aquí.

Nueva presentación en Sevilla

Ladrones de Atlántida empieza el año con energía. La novela será presentada en la sede de Librerías Beta, en el antiguo Teatro Imperial, de la mano de uno de los escritores más célebres del panorama actual, Rafael Marín, autor de novelas como Lágrimas de luz y Juglar (con esta última ganó el Premio Ignotus 2007 a la mejor novela de literatura fantástica en español).

Fecha: Sábado, 19 de enero de 2008.
Hora: 12:30.
Lugar: Librería Beta, C/ Sierpes nº 25.
Presenta: Rafael Marín.

¡Os espero mañana!

jueves, 17 de enero de 2008

Taller: Para escribir mejor

Aunque las cosas poco habituales, como la literatura fractal, resultan muy interesantes y conviene destacarlas, para conocer técnicas y propuestas vanguardistas, también debemos centrarnos en los recursos más convencionales.

Gracias esta vez a mi amiga Cristina Monteoliva, a la que conocí casi por casualidad hace algún tiempo por medio de este maravilloso e inabarcable mundo electrónico, he podido llegar hasta páginas en las que personas preocupadas por la literatura y la escritura se esfuerzan en intentar ayudar a los demás y proporcionarles herramientas y ejemplos para el buen uso del lenguaje.

Algunas son muy útiles. Es el caso de Cómo escribir correctamente, de Santiago Moro, que se centra en las reglas de ortografía, puntuación y gramática. Como él mismo defiende en uno de sus artículos, "hay dos poderosas razones para intentar escribir correctamente:

- Evitar, en la medida de lo posible que se interprete erróneamente aquello que queremos decir. Una buena parte de ello se consigue con una buena redacción, el resto depende, principalmente, de la utilización de los signos de puntuación. Existen mil ejemplos de frases que adquieren distintos significados según se coloque una coma en un lugar o en otro.

- Bino hel habad kon huna zesta yena de uebos... Es exagerado, pero, ¿a que te ha costado leerlo más de lo habitual? La repetición de faltas de ortografía, además de dar una pésima imagen, impide a nuestro cerebro interpretar con fluidez lo que está leyendo, por lo que nuestro lector perdería la concentración y el texto le parecería un auténtico tostón."

Se trata de una recopilación de reglas muy completa. Tanto es así que el autor ha publicado un libro recogiendo todo el contenido del blog.

martes, 15 de enero de 2008

Reflexiones de un ególatra: La metamorfosis del parto

Ahora que estoy empezando a asistir, en compañía de mi mujer, a los cursos de preparación al parto, surge una cuestión que no paran de plantear las matronas y los agentes comerciales de marcas de pañales que nos introducen en el mundo de los neonatos: ¿Tenéis miedo? Afortunadamente, puedo decir que no estoy especialmente nervioso por el inminente nacimiento de mi hija Irene, o eso creo. Tal vez se deba en parte a que los preparativos para recibir al bebé se aceleran y me veo mental y físicamente involucrado en ellos, por lo que, emocionalmente, mi organismo es incapaz de formular una sensación permanente similar a la ansiedad.

En realidad, lo que más me inquieta es la transformación que sufre el cuerpo de la mujer que se encuentra en estado. Hasta el momento, el vientre de mi mujer ha cobrado un aspecto muy hermoso, conforme iba ganando volumen. Resulta sorprendente hasta qué extremos de redondez es capaz de estirarse la piel y la musculatura. Al contrario, dentro de unos meses habrá vuelto a la normalidad y apenas se notará el trance por el que ha pasado. Como ya he dicho antes, todo esto es asombroso y muy bonito.

Pero, ¿qué ocurrirá durante el parto? Solo hay una circunstancia en la que me pueden obligar a salir del paritorio o me impedirán acompañar a mi mujer en el proceso: que se practique la operación a la que Julio César dio nombre. Suponiendo que todo siga su curso natural, estaré a la cabecera del lecho donde yazca mi mujer, proporcionándole aliento y dedicándole palabras agradables. Probablemente, no me mueva de ahí, para no molestar a los profesionales en su trabajo y también porque no sé si podría resistir la impresión que debe de causar el momento crucial. Indudablemente, tiene que ser un instante bellísimo e inolvidable. Pero, tal vez por mi mentalidad tecnocientífica, algunos detalles de la biología humana me parecen incomprensibles. Eso de las contracciones y las dilataciones parece algo tan violento y doloroso cuando lo cuentan... ¡Qué tremenda metamorfosis experimenta el cuerpo femenino! Posiblemente, la explosión de hormonas a la que se ven sometidas las chicas les ayude, pero, sinceramente, no me veo en su papel.

A decir verdad, no les envidio. Es decir, el embarazo y el hecho de dar a luz una criatura viva me parece algo indescriptible y maravilloso que debe despertar sensaciones únicas en quienes lo experimentan. Pero estoy disfrutando tanto de todo el proceso desde mi posición como padre que nunca he deseado sentirlo desde la otra parte. Aunque no puedo comparar, para mí ha resultado muy emocionante poner a prueba la inteligencia de mi hija nonata y jugar con ella a través de la piel de mi mujer, haciendo que responda a mis golpecitos. Por otro lado, al padre le tocan otras tareas. Alguien tiene que mover muebles, montar la cuna, reorganizar habitaciones y pintar paredes, pues a la mujer se lo impide su delicado estado. El padre ejerce como protector práctico, disimulando su vulnerabilidad. Así que cada cual ocupa su sitio en la evolución.

Dentro de poco podré dar la bienvenida a Irene y seré más feliz aún.

lunes, 14 de enero de 2008

Colaboraciones: Viento, viento, de Francisco Javier Illán Vivas

Francisco Javier Illán Vivas nació en Molina de Segura, España (1958). Es diplomado en Criminología y actualmente ejerce como vicepresidente de Azahar Media, que edita VegamediaPRESS y su sitio digital: vegamediapress.com. Es poeta, pero también contador de historias. Nuestros caminos se cruzaron hace dos años debido a su novela La Maldición, primera entrega de La cólera de Nébulos (2004), y a la afición que compartimos por la literatura fantástica. Esta relación se ha vuelto más intensa en los últimos meses, porque hemos empezado a coincidir en más sitios (virtualmente hablando).


Ha publicado también Con paso lento, Nausícaä (2003), Dulce Amargor, Ayuntamiento de Molina de Segura (2005), y Crepusculario, J.I.-VMPress (2007). En 2007 se le incluyó en la antología II Jornadas de poesía sobre el Segura, editado por la Asociación Cultural Pueblo y Arte, de Cieza (Murcia). Sus relatos y cuentos han aparecido publicados en diferentes antologías -La casa de mi madre está incluido en Con la pluma a cuestas: catorce escritores desde La Rioja, Dossoles (2004); La estatua del santo en Cuentos, Ayuntamiento de Molina de Segura (2006)-, y en diferentes revistas en papel, entre ellas Ágora, papeles de arte gramático. En internet sus poemas y relatos han aparecido publicados en Revista Literaria Baquiana, en Estrellas Poéticas, en Revista Literaria Remolinos y en Revista destiempos. Hace poco, le pedí un texto para esta sección y Francisco Javier seleccionó con tal motivo este relato:

Viento, viento

Que no está muerto lo que yace eternamente,
y con el paso de los evos, aún la muerte puede morir
.
H.P. Lovecraft


Lo primero que recuerdo es el viento, como si alguien se hubiese dedicado a sembrar el viento de las futuras tempestades. No sé por qué, es un misterio insondable. Pero incluso en el delirio debe tener un motivo. El viento gemía en todas direcciones, e inyectaba en mi cerebro, a través de los castigados oídos, ecos de voces sepulcrales. Ruidos sordos, cuyo origen no conseguía reconocer. Voces que ululaban en mis oídos, en un tormentoso cóctel cacofónico, que me llevó a preguntarme si tendría protervia, e, inocente de mí, me contesté que no.

Cierto era que me sentía abstruso, que esos extraños ruidos sordos sonaban con cierta asiduidad en mi mente, convertida en las últimas fechas en un caótico remolino. Los compañeros del trabajo, todos, insistían en que debía tomarme unas vacaciones, que estaba estresado y otros epítetos que gratuitamente se atrevían a regalarme, como si yo necesitase que los demás se metieran a ingenieros de mi bóveda craneana, auténtico cóctel de sensaciones inextricables.

¿Pero cómo iba a tomar vacaciones en un momento como aquel, donde mi responsabilidad- ¿quién inventó esta tosca palabra?- me exigía estar al frente de los acontecimientos que estabamos viviendo?

El horrísono me acompañó con su alucinante voz desde Murcia a Molina de Segura, no recuerdo ni tan siquiera conducir, pero no era la primera vez que esa circunstancia se producía. Estaba viviendo días aciagos, de sensaciones tan frías como témpanos, a pesar de que yo sudaba continuamente. ¡Qué agrestes recodos, que sinuosos caminos escogía mi cerebro para atormentarme!

Inevitablemente tuve que llegar y aparcar el vehículo. Subí la empinada calle y entré en casa. ¡Qué amargo momento cuando introduje la llave en la cerradura! Escuché el silencio de la inmensidad, aquel sonido ruidoso de los espacios gigantescos, era como si yo hubiese encogido o la casa crecido a tamaños desproporcionados. Todo era gigante para mi embotado cerebro, avancé hasta el salón y con gran esfuerzo conseguí sentarme en el sofá.

La ventana quedaba a mi izquierda.

Entonces me di cuenta que estaba aterido de frío. Nuevamente se agudizó la insufrible ansiedad que me abrumaba el alma. Sentí como si el corazón se me corrompiese en apestosos abismos.

Aquello fue apareciendo ante mí y materializándose, ocupando el lugar de la mesacamilla. Al principio era un diminuto punto flotando en el ambiente, ante mí. Con los ojos inyectados en sangre, hubiese matado a quien jugaba con mi destino y me llevaba a aquella insufrible agonía, a aquel dolor que se iba apoderando de mis sentidos, de mi entendimiento, que me arrancaba las pocas ganas de vivir que tenía. Odiaba. Odiaba todo cuanto me rodeaba, odiaba la ropa, odiaba el sofá, la ventana, la habitación, la casa, y conforme ese encono iba creciendo en mi alma, el punto flotante aumentaba de tamaño, fijo siempre a la altura de mis ojos, ennegreciendo lo poco que podía ver.

¿Qué era aquello, el Espejo Último o la Puerta de la Verdad o el Arco del Silencio?. ¡Y el viento! ¿De dónde salía aquel viento? Viento que gemía, trayendo los ya odiosos ecos de voces blasfemantes, voces que ululaban en mi conciencia, que se convirtieron en tambores, tambores que empujaban al silencio, acercándose a cada golpe, retumbando mis tímpanos hasta casi hacerlos estallar.

¡Y todo se iba volviendo negro! El círculo ante mis ojos tenía ya más de un metro de diámetro, y seguía creciendo. Sé que tenía frío, pero sudaba, y mi sudor era hediondo como un albañal. Me temblaban las manos, que seguían aferradas a mis rodillas como garras que las veía a una pasmosa distancia, la magia o lo que fuese deformó mi mente, y tuve la sensación de perder el equilibrio. Se me cerraron los ojos, ¿o ya los tenía cerrados? y sentí que caía inconsciente al suelo tras intentar agarrarme a cualquier cosa.

El círculo abarcaba todo cuanto podía ver. Una bostezante negrura de la cual ya no podía asegurar dónde estaba su centro, perdí la perspectiva. Sé que hubo un instante en que un rayo de luz cruzó por delante de mis ojos, entre aquella puerta y yo, como una centella, como un cometa sideral que intentó rescatarme, pero nada podía sacarme del lugar donde me encontraba.

Las voces me llamaban, pero yo no veía nada. Estaban allí, delante de mis ojos, quejidos, ayes, cacofonía, horrísonos como llamando.

Me dije a mi mismo que debería escudriñar la oscuridad y vi unos ojos tan fríos como el hielo. Avancé, avancé, sabiendo que la muerte me esperaba con los brazos abiertos. Sabía que si continuaba en esa dirección iba a morir.

Inesperadamente surgieron unas manos, ¡Dios!, las más abominables de las manos, que con una velocidad desconocida entre los vivos, me cogieron y sentí, más que el movimiento físico de las aborrecibles manos, como si me absorbieran.

¡Y el dolor!

Nunca he sufrido tanto como en aquellos abominables días. Lo primero que vi fue una garra de huesos que aferraba un punzón, y con la furia del horror me lo clavó en el ojo derecho. Después una mano con miles de verrugas, queloides, protuberancias, se acercó hasta mi ensangrentado rostro, desde donde descendió hasta el pecho. Me atravesó carne y huesos, y con un deleite de espantosa lentitud, me arrancó el corazón, aplastándolo entre sus dedos ante mi cara, escurriendo la vida que en él quedara. Me mordieron, me rajaron, hurgaron en mis entrañas, me despellejaron, me arrancaron el otro ojo con el punzón para provocarme el mayor sufrimiento posible; alguien o algo me arrancó los dientes uno a uno mientras me retorcía los testículos con un hierro candente. Temblé, salté, corrí escapando de aquella hoguera de dolor, pero me volvían a coger y estrujarme, recreándose en quemarme cada átomo de mi cuerpo, y para hacer más insufrible el padecimiento, nunca se acababan los dientes, ni los ojos, ni los testículos, ni las tiras de mi piel, ni los huesos que roer con dientes astillados.

Grité, grité, grité hasta que volví a sentir el viento, el viento.

Cuando ya el miedo me había corroído la razón, supe que durante tres días no moví ni un músculo, que permanecí sentado en el sofá en la misma posición en la que me dejé caer cuando llegué. Y la gran mayoría de las abominables sensaciones que viví las he olvidado, por que sufrí un miedo demasiado oscuro y misterioso como para que mi cerebro sea capaz de aceptarlo.

© Francisco Javier Illán Vivas

domingo, 13 de enero de 2008

El escritorio: Los diez mandamientos de los libros

Para Irene y Pilarcita

-Escuchadme las dos.

Irene y Pilarcita le miraron atentamente, interrumpiendo sus juegos. Estaban en el despacho, rodeados de estantes llenos de libros. Irene invitó a su padre a hablar dirigiéndole una mirada inquieta.

-¿Sí, papá? –le apremió. Su prima Pilar no estaba menos impaciente.

-Os voy a contar cómo debéis tratar un libro –dijo el joven, sentado en una silla, con varios volúmenes en el regazo-:
» 1) No debéis garabatear en los libros, para que sus hojas permanezcan tal como salieron de la imprenta, lo más limpias posible.
» 2) No comáis ni bebáis sobre ellas, para evitar que se manchen.
» 3) Tened cuidado de no doblar sus hojas.
» 4) Evitad siempre que podáis que se caigan o reciban golpes y, desde luego, nunca los tiréis al suelo, para que no se arañen sus tapas, ni se deteriore el canto de las hojas ni se arruguen los lomos.
» 5) Pasad las páginas con delicadeza, para que no se rompan, siempre tirando de ellas suavemente por las esquinas.
» 6) Nunca los pongáis cerca de algo que pueda dañarlos, como el fuego o el agua.
» 7) Dadle un lugar adecuado, pues los libros adornan con sabiduría los hogares y en su interior siempre guardan algo que podréis aprender.
» 8) Recordad siempre que los libros son como fieles amigos y por eso debéis respetarlos y protegerlos.
» 9) Leedlos, porque los libros, mediante la lectura, os proporcionarán el arma más valiosa que tenemos: el buen uso de la palabra.
» 10) Y, sobre todo, sobre todo, disfrutad leyéndolos, desde el principio hasta el fin, tomando notas de lo que más os guste si es necesario.

-Pero, papá –replicó Irene frunciendo el entrecejo, una vez que su padre había terminado el discurso-, tú a veces escribes en los libros.

Le miró acusadoramente como si le dijera “que yo te he visto” y aquello fuera la más terrible contradicción.

-Es verdad. Hay excepciones, Irene –respondió su padre, sonriente-. Cuando un libro te gusta tanto, tanto, tanto como para apuntar muchas cosas y poderlas encontrar después con facilidad, una forma de destacar todo lo que te ha llamado la atención es haciendo alguna marca con un lápiz. Yo prefiero utilizar puntos en el margen, pero hay quien subraya los renglones. Eso depende de cada uno.

-Tito, tito –exclamó Pilarcita tirándole de la manga de la camisa-, yo siempre te veo con un libro en todas partes. ¿Así no se te puede estropear?

-Tienes razón, pero procuro cuidarlos. Lo principal es disfrutar con ellos, viajar con ellos, experimentar con ellos. Por eso, a mí siempre me acompaña alguno. ¿Alguna pregunta más?

-¿Se pueden comer galletas de chocolate mientras lees? –volvió a intervenir Pilar, como si lo que planteaba fuera inevitable-. Es que a mí me gustan mucho…

-Claro que sí, pero intenta que las migas no caigan sobre las páginas. Y ahora –añadió, al tiempo que elegía dos de los libros que tenía entre las manos-, tomad. Vuestro primer libro de verdad. Ya sabéis lo que tenéis que hacer con ellos.

Eran dos antologías de cuentos ilustrados, hermosamente encuadernados, de tapa dura y papel grueso. Las dos pequeñas, que estaban aprendiendo a leer, los contemplaron con mucha ilusión. Pero no comprenderían el significado completo del regalo hasta varios años después.

viernes, 11 de enero de 2008

Taller: La Wikilengua

Los internautas ya disponíamos desde hace tiempo de varias herramientas esenciales para poder hacer consultas ante las dudas que surgen mientras escribimos. La ortografía y la gramática pueden jugar malas pasadas cuando se suman a la memoria perdida.

Pero ahí estaban para echarnos una mano el Diccionario de la Lengua Española (vigésima segunda edición), el Diccionario Panhispánico de Dudas (primera edición) y otras utilidades bastante interesantes en la web de la Real Academia Española. O la Fundación del Español Urgente (Fundéu), "una institución sin ánimo de lucro que tiene como principal objetivo colaborar con el buen uso del idioma español, especialmente en los medios de comunicación, cuya influencia en el desarrollo de nuestra lengua es cada vez mayor".


Precisamente, la Fundéu presentó ayer oficialmente en la Casa de América de Madrid la Wikilengua, "un sitio abierto y participativo sobre las dudas prácticas del castellano y un medio para reflejar la diversidad de una lengua hablada por cientos de millones de personas". Consta de varias secciones: gramática, ortografía, nombres propios y léxico. También permite, a los usuarios registrados, hacer aportaciones que un equipo de expertos lingüistas revisan antes de su aceptación.

Me parece un paso importante, sobre todo por el hecho de que se le ha dado peso oficialmente, en público. La Fundéu ya contaba con una base de datos importante y hacía una excelente labor, pero resultaba poco conocida para los usuarios de la red hasta ahora. Por otra parte, la RAE sigue reaccionando con cierta lentitud aún frente a la evolución del idioma.

jueves, 10 de enero de 2008

ScifiWorld Magazine: Decepciones de un aficionado


DECEPCIONES QUE, ÚLTIMAMENTE, TE DEJAN UN SABOR AMARGO EN LA BOCA. ÓJALA LOS TIEMPOS CAMBIEN, PERO QUIZÁS EN LOS LIBROS ESTÉ NUESTRA ESPERANZA.

Hace unos días encontré una receta genial para sorprender a mis invitados en casa con un plato navideño especial. Presumo de ser una persona práctica y por eso decidí ofrecerles otra cosa más sencilla cuando tropecé con un problema insalvable. Entre los ingredientes que debía utilizar se encontraban las frambuesas y las grosellas. Algo tan fácil de encontrar en cualquier supermercado de Londres, un puñado de frambuesas y grosellas, me resultó imposible de localizar ni siquiera en la tienda más selecta de mi ciudad. Era realmente frustrante, sobre todo porque sabía que las frambuesas y las grosellas que podría comprar con tanta facilidad en Londres se importan de España. Paradójico, ¿verdad?


Continúa aquí.

Colaboraciones: Una historia descubierta, de Mª Carmen Ramírez Torres

Mª Carmen es una de esas personas que ha hecho caso a mi reclamo y me ha ofrecido una de sus obras para participar en esta sección de colaboraciones. Al parecer, oyó mi nombre hace poco, en la mesa redonda celebrada en la Feria del Libro del Aljarafe a la que no pude asistir. Y alguien (no sé qué pajarito) le habló de mi forma de escribir. Algún que otro paseo entre blog y blog, entre enlace y enlace, la condujo hasta este rinconcito. Naturalmente, la invito a quedarse si se siente cómoda y prometo visitarla.

De hecho, en su blog, Pasado, futuro y sueños, Mª Carmen nos cuenta cuentos, entre otras cosas. Pero lo que más me gusta es que, cuando consultas su perfil, descubres que se reconoce firmemente como escritora.

Hoy tenemos una pequeña muestra de su talento. Al leerla, me imagino a Mª Carmen siendo protagonista del relato que ha escrito mientras lo escribía.

Una historia descubierta

La niña se sentó delante del ordenador. No sabía qué historia iba a escribir, solo tenía en mente una cosa: dejar que sus dedos pulsaran las teclas y permitir a la historia salir sin poner barrera alguna. No pensó, no corrigió, no hizo nada más que dejarse llevar. Llevar por una historia que pudo ser real, que pudo existir en algún lugar del inmenso mundo que la rodeaba, que pudo haber sucedido en algún momento de la vida ya vivida del viejo mundo. Una historia perdida en la memoria, olvidada por todos, desconocida por muchos… una historia incierta, inventada, no vivida, no creída… una historia, que un hada le sopló mientras dormía.

Escribió sin poner límites, y la más hermosa historia salió en la pantalla de su ordenador. La más hermosa historia jamás inventada. La historia de una vida que en el olvido cayó por culpa del destino y del incomprendido amor que pudo ser y no fue. Una historia que se hizo real, mientras escribía sin poner control.



Mª Carmen Ramírez Torres

miércoles, 9 de enero de 2008

Colaboraciones: Minicuentos de Alfredo Álamo

Alfredo Álamo es un autor valenciano dedicado de lleno a la literatura fantástica. Lleva tiempo deleitándonos con sus poemas absurdos (dicho así por él mismo, que conste), sus relatos siniestros (le encanta el terror, el de verdad) y sus minicuentos irreverentes (tan asombrosos como los de Max Aub). Con algunos de ellos ha logrado varios galardones, como algún que otro Ignotus de la AEFCFT.

Le conocí hace dos años, durante la HispaCon 2006 que se celebró en Dos Hermanas, Sevilla. Desde entonces mantenemos contacto a través de la Red (internet, vamos). Podéis seguir sus desvaríos, logros y fracasos en su blog, Los monstruos felices. Ah, no os perdáis la simpática tira cómica que guioniza, La Legión del Espacio, de la que hace poco Grupo AJEC ha publicado un tomo recopilatorio.

De la obra Miniloquios y Cementerios, Alfredo ha extraído los siguientes minicuentos para cedérmelos en esta colaboración:

La hija del embalsamador nunca había usado maquillaje hasta aquella noche.

—Dime, ¿cómo es el más allá? —preguntó desconsolada la viuda, arrojada sobre la lápida de su difunto marido.
—Sabe a pollo —contestó alguien desde la tumba

Los duendes hambrientos esperaron su momento agazapados bajo la cama. Cuando ella despertó, estaba sola. Otra vez.

—Bonito abrigo de piel, Caperucita —dijo el leñador, guiñándole el ojo a la joven niña.
Claro que eso fue antes de la siguiente luna llena.

—Está menos frío de lo que esperaba —dijo la muchacha, separando sus labios de los del cadáver.
—Entonces, servirá —concluyó su padre, bajándole los pantalones.

El líquido de embalsamar no sabe a caramelo.


De Minicuentos navideños ha seleccionado los siguientes para incluirlos también aquí:

Los reyes magos encontraron al mesías reencarnado. Gaspar lo asfixió con una almohada mientras los otros dos vigilaban. Dos mil años de maldición eran más que suficiente.

Al niño malo le volvieron a traer un saquito de carbón. Por fin tuvo suficiente como para prender fuego a la casa.

La niña dejó entre las manos de su difunto padre una serpentina de colores. Horas más tarde, a seis pies bajo tierra, alguien murió atragantado entre sonoros pitidos.

-¿No la escuchan? ¡Está ahí! -dijo el enfebrecido asesino, levantando la tabla del suelo que ocultaba, a los ojos de los policías, la ensangrentada campana que el viejo Klaus utilizaba para atraer a los niños.

martes, 8 de enero de 2008

Taller: Literatura fractal


Entre el concepto matemático y la literatura, se encuentra la literatura fractal, como nos descubre Pablo Paniagua en su blog, Palabras fractales. Él mismo la define en otra de sus páginas web y muestra algunos ejemplos para ilustrar el concepto. Naturalmente, por mis estudios y mi vocación de escritor, me sentí tremendamente atraído por todo esto cuando lo descubrí, hace unos meses.

Un fractal es un sistema complejo que se multiplica hacia el infinito a partir de sí mismo o, como afirma Wikipedia, "es un objeto geométrico cuya estructura básica se repite en diferentes escalas". Según Paniagua, "la literatura fractal sería aquella que multiplica los signos lingüísticos, dentro de un orden sintáctico, como si se tratase de un juego de espejos que busca en esa repetición, en ese juego, una dinámica dentro de lo infinito, de lo laberíntico o lo circular, o, dicho de una manera más sencilla, la literatura fractal es aquélla donde se multiplican por sí mismos los elementos que la componen".

Alberto Viñuela propone diferentes maneras para lograr este objetivo mediante, por ejemplo, la tautología (repetición de un mismo pensamiento dicho de distintas maneras), las historias cíclicas (que empiezan y terminan, tras su desarrollo, con un concepto similar que une el principio y el final), o las "cajas chinas y cajas chinas cíclicas" (historias que contienen a otra historia y a su vez a otra historia). Dos escritores cuyas obras podrían encuadrarse perfectamente en esta definición son Franz Kafka y Jorge Luis Borges, aunque cuando las escribieron aún no existía el concepto de "fractal".

viernes, 4 de enero de 2008

ScifiWorld Magazine: En el rincón más inesperado, la fantasía


NUEVA YORK, PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XX, UNA GRAN CIUDAD QUE ESTÁ ENTRANDO DE LLENO EN LA MODERNIDAD. EN ESOS AÑOS SE SUCEDE ENTRE LA ALTA SOCIEDAD UNA SERIE DE ASESINATOS Y DE ESCÁNDALOS SEXUALES. PERO LA MODERNIDAD DE NUEVA YORK TAMBIÉN ES EL INTERÉS QUE DESPIERTAN LAS NUEVAS IDEAS. EL 29 DE AGOSTO DE 1909 LLEGA SIGMUND FREUD, Y ESA MISMA NOCHE ENCUENTRAN EL CADÁVER DE UNA JOVEN, VÍCTIMA QUIZÁ DE UN JUEGO SEXUAL QUE REBASÓ TODO LÍMITE. O TAL VEZ SEA LA OBRA DE UN SÁDICO ASESINO EN SERIE, PORQUE AL DÍA SIGUIENTE OTRA RICA HEREDERA, NORA ACTON, CONSIGUE ESCAPAR A UN ATAQUE DEL QUE PARECE SER EL MISMO ASESINO. NORA TIENE LAS CLAVES PARA DESCUBRIR AL ASESINO, PERO HA PERDIDO LA VOZ Y SUFRE AMNESIA. EL DOCTOR STRATHAM YOUNGER PSICOANALIZA A NORA PARA QUE PUE-DA RECORDAR, Y ES EL PROPIO FREUD QUIEN SUPERVISA LAS SESIONES. PERO ¿QUÉ LE SUCEDIÓ A FREUD EN NUEVA YORK? ¿A QUÉ ATAQUES Y CONSPIRACIONES TUVO QUE ENFRENTARSE QUE NUNCA MÁS VOLVIÓ A LOS ESTADOS UNIDOS? UN LIBRO QUE HA SIDO UN EXTRAORDINARIO BESTSELLER EN EL MUNDO ANGLOSAJÓN Y HA OBTENIDO TAMBIÉN CRÍTICAS MUY ENTUSIASTAS.

Con el tiempo he aprendido la lección. Como me han decepcionado tanto, sobre todo en los últimos años, no soy proclive a comprar libros de actualidad. Cuando digo "de actualidad", me refiero naturalmente a los famosos superventas. No obstante, hay ocasiones en que el sello editorial que respalda un título o el argumento que parece haber detrás lo hacen suficientemente atractivos. Por esos motivos, acabé leyendo "La interpretación del asesinato", de Jed Rubenfeld.


Continúa aquí.

miércoles, 2 de enero de 2008

La biblioteca: Recuento de libros leídos en 2007

Además de presentar la relación de libros que he leído durante el año 2007, los he clasificado para dar mi impresión general de los mismos. Para ello utilizo la siguiente notación:

Muy recomendable, imprescindible = *****
Excelente, recomendable = ****
Me ha gustado = ***
Me quedé como estaba = **
No me ha gustado nada = *

1 ) Londres, de Virginia Woolf ***
2 ) Kim, de Rudyard Kipling **
3 ) Tom Sawyer en el extranjero, de Mark Twain ***
4 ) Leviatán, de Paul Auster ***
5 ) Winny de Puh, de A. A. Milne *****
6 ) Tom Sawyer detective, de Mark Twain ***
7 ) El rincón de Puh, de A. A. Milne ****
8 ) Huck Finn y Tom Sawyer entre los indios, de Mark Twain ***
9 ) Poemas a Iberoamérica, de María del Águila Boge ***
10 ) La conspiración de Tom Sawyer, de Mark Twain ****
11 ) Ivanhoe, de Walter Scott **
12 ) Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift *****
13 ) Pickwick, Alicia y Holmes al otro lado del espejo (Tres pastiches victorianos), de Santiago Rodríguez Santerbás ***
14 ) Los crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez ***
15 ) Por si amanece... (Cantos de guerra), de Luis Alberto Ambroggio ***
16 ) Un mundo de figuras imposibles, de Bruno Ernst ***
17 ) Laberintos de humo, de Luis Alberto Ambroggio **
18 ) Puck de la colina de Pook, de Rudyard Kipling **
19 ) Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi ***
20 ) Secuestrado, de Robert Louis Stevenson ****
21 ) La vida del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades ***
22 ) Lágrimas de luz, de Rafael Marín ****
23 ) La ciudad de los libros soñadores, de Walter Moers *****
24 ) 6, de Daniel Mares ***
25 ) Cuentos de la colina de Watership, de Richard Adams ****
26 ) Estado crepuscular, de Javier Negrete ***
27 ) El libro de los amores ridículos, de Milan Kundera ***
28 ) Un capitán de quince años, de Jules Verne **
29 ) Ilusiones ópticas, de Bruno Ernst ****
30 ) Malditas matemáticas. Alicia en el País de los Números, de Carlo Frabetti ****
31 ) La noche roja, de León Arsenal ***
32 ) El Anacronópete, de Enrique Gaspar **
33 ) Poemas de Amor y Vida, de Luis Alberto Ambroggio ***
34 ) Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll **
35 ) Matilda, de Roald Dahl ****
36 ) Monteluz, de Manuel Pimentel **
37 ) El fin de la eternidad, de Isaac Asimov *****
38 ) Antología del centenario, de Luis Cernuda ***
39 ) La dama número trece, de José Carlos Somoza ****
40 ) El desván de los cuervos solitarios, de El Círculo de los Escritores Errantes ***
41 ) El libro de la risa y el olvido, de Milan Kundera ***
42 ) Noches en la isla, de Robert Louis Stevenson ***
43 ) Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago **
44 ) La ignorancia, de Milan Kundera ***
45 ) El cuento número trece, de Diane Setterfield **
46 ) La isla del Dr. Moreau, de H. G. Wells ***
47 ) Juglar, de Rafael Marín ****
48 ) El túnel, de Ernesto Sábato ***
49 ) Visiones 1997, VV.AA. ****
50 ) Oliver Twist, de Charles Dickens ***
51 ) Mi primer viaje a USA, de Carmen Laforet ***
52 ) La caverna de las ideas, de José Carlos Somoza *****
53 ) Los sicarios de Dios, de Ángel Torres Quesada ***
54 ) El señor de las moscas, de William Golding ***
55 ) Dualidad del mar y él, de María del Águila Boge ***
56 ) Voz profunda, amarga y dulcísima, de María del Águila Boge ***
57 ) El misterio de la Casa Aranda, de Jerónimo Tristante ***
58 ) Cuentos de la Cábila, de Antonio Pereira ****
59 ) Rihla, de Juan Miguel Aguilera ****
60 ) El otro barrio, de Elvira Lindo **
61 ) Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons ****
62 ) Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza **
63 ) La palabra escrita, de Mercedes Salisachs ***
64 ) Alejandro Magno y las águilas de Roma, de Javier Negrete ****
65 ) La Isis dorada, de Jorge Magano ***
66 ) Gaudí, una novela, de Mario Lacruz ***
67 ) Los mil errores más comunes del lenguaje, de Carlos Sobera ***
68 ) Los santos inocentes, de Miguel Delibes ****
69 ) En tiempos de prodigios, de Marta Rivera de la Cruz ***
70 ) El jardinero fiel, de Clarissa Pinkola Estés ***
71 ) Guardianes del tiempo, de Poul Anderson ***
72 ) La vuelta al mundo de la nao Victoria, varios autores ****
73 ) El nuevo dardo en la palabra, de Fernando Lázaro Carreter ***
74 ) Hyperion, de Dan Simmons ****
75 ) José, de Armando Palacio Valdés ***
76 ) La ciudad de las puertas de oro, de José Rubio y José Miguel Cuesta ***
77 ) El fin de la Atlántida, de J. V. Luce ***
78 ) Consejos del pediatra, de Dr. J. Mateu Sancho ***
79 ) Manual de instrucciones del bebé, de Louis y Joe Borgenicht ***
80 ) El árbol de los cuentos, de Eva Pérez ****
81 ) El centauro de piedra, de Rafael Marín ****
82 ) Viaje sentimental por Inglaterra, de Antonio Rivero Taravillo ***
83 ) El secreto de la Atlántida, de Clive Cussler **
84 ) Fantástica televisión, de Alfonso Merelo ***
85 ) La nave, de Tomás Salvador ****
86 ) Gringo viejo, de Carlos Fuentes *
87 ) Viaje fantástico del Gran Piscátor de Salamanca, de Diego de Torres Villarroel **
88 ) Fabulosas narraciones por historias, de Antonio Orejudo ****
89 ) Spiderman (El superhéroe en nuestro reflejo), de Rafael Marín ***
90 ) Crímenes ejemplares, de Max Aub ***
91 ) La Suma Medicina o Piedra Filosofal, de Diego de Torres Villarroel **
92 ) Elemental, querido Chaplin, de Rafael Marín ****
93 ) Everwhon, de Samuel Butler ***
94 ) Cuentos breves para leer en el bus, varios autores ***
95 ) Magnífica víbora de las formas, de Juan Antonio Fernández Madrigal **
96 ) La marea del despertar, de Roberto Malo ***
97 ) Esperando la marea, de Joaquín Revuelta ****
98 ) Deuda pendiente, de Vicente Quijano **
99 ) La mágica pelliza de Carlos Marx, de Rafael Raya ***
100 ) El libro negro, de Orhan Pamuk *
101 ) En busca del arca perdida, de Campbell Black ****
102 ) La interpretación del asesinato, de Jed Rubenfeld ***
103 ) Londres, de Henry James ***
104 ) Juventud, de Joseph Conrad ***
105 ) La posada de las dos brujas, de Joseph Conrad ***

martes, 1 de enero de 2008

¡Feliz Año Nuevo, Irene!

Despedimos el año 2007 saludando a Irene, con ayuda de la doctora que atiende a Mª Carmen habitualmente. Ya pesa un kilo y medio y sigue creciendo y moviéndose. Parece que el concierto de Año Nuevo le ha gustado, sobre todo los sonidos de mayor estruendo del Danubio Azul.

Feliz Año Nuevo, Irene. Este es tu año.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Colaboraciones: Blanquita, de Nadia

Mi buena amiga Nadia, cubana residente en Miami que ya ha participado en alguna ocasión dentro de este apartado, me envió hace poco un texto inspirado en su querida perra, llamada "Blanquita", que lamentablemente falleció a principios de diciembre. Con sumo placer, publico aquí, a petición suya, las palabras que quiso dedicarle.

Nuestra familia pertenece al grupo de personas que son amantes de los animales. Por eso, al mudarnos a una casa con un patio amplio, nos propusimos buscar un perrito pequeño con el fin de inculcar a nuestros niños el amor a los animales y a la Naturaleza.

Fuimos a buscar a "Blanquita" una noche en que mi prima me llamó por teléfono y me comunicó que tenía para darnos una perrita Poddle de tamaño mediano, recién nacida, de tan solo unos días. Enseguida que la vimos nos enamoramos de ella. Después de admirar su dulzura, agradecimos a mi prima su obsequio y partimos rápidamente para mostrar al resto de la familia la nueva adquisición. Temblaba temerosa cuando la tomé y la puse en mi regazo camino a casa. Comencé a quererla desde aquel instante.

Sus ojitos apenas se veían, pues su pelo largo y abundante los cubría. Su pelo era ensortijado y blanco como el algodón, y después de algunos nombres sugeridos, decidimos todos llamarla "Blanquita". Luego de varios días, aprendió a reconocer su nombre y respondía rápidamente cuando la llamábamos, excepto las veces en que ella sabía que era para darle un baño. Comenzamos a llevarla a una peluquería de perros y le colocaban un lacito rosado en el tope de su cabecita dejando sus nobles ojitos al descubierto. Sin embargo, aunque a veces es costumbre cortar la cola de los Poddles por estética, decidimos pasar por alto esta costumbre y mantenerla tal y como la habíamos recogido.

Al igual que casi todos los niños a temprana edad, "Blanquita" a veces tenía momentos de inquietud que nos hacían enojar en gran manera. Por ejemplo, fueron varias las veces que tuvimos que tirar a la basura algunos pares de zapatos, porque "Blanquita" adoraba mordisquearlos y hacerlos trizas. Otras veces, jugaba con el papel higiénico del baño hasta ripiarlo completamente y esparcir los pequeños pedazos por todo el piso de la casa. Cuando la bañábamos, adoraba subirse a las camas después de retozar un poco en el patio y poner incluso su cabecita en la almohada, como una persona que busca su confort. A veces, si notaba que la puerta principal se había quedado abierta, solía escaparse a la calle súbitamente haciéndonos correr tras ella por toda la cuadra para evitar que accidentalmente fuera atropellada por algún vehículo.

Por suerte, después de un improvisado entrenamiento, "Blanquita" aprendió y fue adquiriendo hábitos más razonables. Aprendió a avisarnos cuando quería salir para sus necesidades fisiológicas, subía a la cama solo si le permitía, se quedaba sentada tranquilamente si alguien dejaba la puerta abierta, y finalmente nuestros zapatos se mantenían ilesos.

Jamón y pollo eran su comida favorita y se sentaba durante largas horas frente a la ventana para disfrutar del exterior. Mostraba una alegría extraordinaria cuando algún familiar llegaba a casa. Si la acariciábamos y retirábamos la mano, ella con una de las patas nos pedía que repitiéramos la caricia. Cuando se tendía, cruzaba sus dos patas delanteras dando la impresión de ser una fina y delicada damita.

Con los niños se comportaba de una forma especial. Aún recuerdo cuando le compramos a la niña un pequeño automóvil de juguete en el cual se paseaba por todo el patio llevando a "Blanquita" de pasajera. Aunque "Blanquita" me miraba con ojos implorantes pidiéndome que la salvara de tan peligroso paseo, soportaba los inseguros y aventurados movimientos de aquella conductora novata y resistía hasta que mi niña la liberaba cuando se cansaba de jugar.

Han pasado dieciséis años desde que "Blanquita" entró en nuestra casa. Nos hemos reído con ella, y hemos disfrutado su refinada personalidad, su amor, y su paciencia hacia nuestros niños que ya han se han convertido en adultos.

Pero los riñones de “Blanqui”, como le decíamos cariñosamente, comenzaron a fallar y por consiguiente sus pulmones también comenzaron a trabajar con dificultad. El mal era irreversible. Su doctor nunca dejó de atenderla pero su estado fue empeorando y deteriorándose apresuradamente.

Recordé a una amiga, la cual escuché decir en una ocasión que había tenido que “poner a dormir” a su perro porque estaba gravemente enfermo. A todos nos resultó insultante ese comentario. Para nuestra familia, el término “poner a dormir” a un animal que ha estado viviendo tantos años a nuestro lado significaba mandar a matar a un amigo. Hubo diversos comentarios, que si los animales tenían o no un alma, que si el único dueño de la vida era Dios y a Él solamente le correspondía quitarla, que si sufrían los animales al morir porque era dolorosa la inyección letal que le administraban, etc. El caso es que me prometí a mí misma que bajo ninguna circunstancia usaría este método para deshacerme de alguno de mis animales.

Pero hoy, después de verla sin querer tomar agua ni ingerir alimentos por tres largos días, de ver sus ojos como implorando ayuda, de verla respirando con tanto trabajo, de verla vomitando y arrastrarse por no poder mantenerse en pie, pensé que era más criminal de mi parte dejar que siguiera sufriendo de esa forma y entendí a mi amiga en su decisión.

Hoy nos despedimos de nuestra mascota pero la recordaremos como una perrita noble y fiel que participó en la formación inicial de mis hijos de alguna manera. Muchos de los momentos divertidos quedaron plasmados en retratos que disfrutaremos por largo tiempo. Pero por lo pronto, la echaremos mucho de menos.

No sufras más "Blanquita", y duerme tranquila, duerme…


Feliz Año Nuevo, Nadia. Feliz 2008 a todos.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Chistes cortos en inglés

Una amiga que vive en Miami, Estados Unidos, me envía curiosidades de vez en cuando. Hace poco recibí algunos chistes en inglés centrados en las relaciones entre alumnos y profesores. Los reproduzco en su idioma original porque algunos son juegos de palabras y perderían la gracia al ser traducidos.

TEACHER: Maria, go to the map and find North America.
MARIA: Here it is.
TEACHER: Correct. Now class, who discovered America?
CLASS: Maria.

TEACHER: John, why are you doing your math multiplication on the
floor?
JOHN: You told me to do it without using tables.

TEACHER: Glenn, how do you spell "crocodile?"
GLENN: K-R-O-K-O-D-I-A-L.
TEACHER: No, that's wrong.
GLENN: Maybe it is wrong, but you asked me how I spell it.

TEACHER: Donald, what is the chemical formula for water?
DONALD: H I J K L M N O.
TEACHER: What are you talking about?
DONALD: Yesterday you said it's H to O.

TEACHER: Winnie, name one important thing we have today that we didn't have ten years ago.
WINNIE: Me!

TEACHER: Glen, why do you always get so dirty?
GLEN: Well, I'm a lot closer to the ground than you are.

TEACHER: Millie, give me a sentence starting with "I".
MILLIE: I is...
TEACHER: No, Millie... Always say, "I am".
MILLIE: All right... "I am the ninth letter of the alphabet."

TEACHER: George Washington not only chopped down his father's cherry tree, but also admitted it. Now, Louie, do you know why his father didn't punish him?
LOUIS: Because George still had the ax in his hand.

TEACHER: Now, Simon, tell me frankly, do you say prayers before eating?
SIMON: No sir, I don't have to,my Mom is a good cook.

TEACHER: Clyde , your composition on "My Dog" is exactly the same as your brother's. Did you copy his?
CLYDE: No, teacher, it's the same dog.

TEACHER: Harold, what do you call a person who keeps on talking when people are no longer interested?
HAROLD: A teacher.

jueves, 27 de diciembre de 2007

ScifiWorld Magazine: Una de conejos


EN LOS PACÍFICOS PRADOS DE INGLATERRA VIVE UNA COMUNIDAD DE CONEJOS. CUANDO SU MADRIGUERA SE VE AMENAZADA, UN PEQUEÑO GRUPO DE VALIENTES ESCAPA DE LA MADRIGUERA EN BUSCA DE UN NUEVO HOGAR. CONDUCIDOS POR QUINTO EL VISIONARIO, PELUCÓN EL VALEROSO, Y EL HONORABLE AVELLANO HACEN FRENTE A MULTITUD DE DESAFÍOS Y PELIGROS QUE SUPERAN GRACIAS A SU FUERZA Y ASTUCIA PARA SOBREVIVIR, MIENTRAS PERSIGUEN SU SUEÑO.

A veces ocurren cosas que no parecen deberse a la casualidad. Sin embargo, entonces interviene la mentalidad científica para imponer orden y te obliga a decidir que no pudo ser más que el azar. Lo cierto es que, cada vez que pienso en "La colina de Watership", me vienen tres imágenes a la cabeza.


Continúa aquí.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Más actividades con Ladrones de Atlántida

Debido a la precipitación con que sucedió todo, no pude avisar a tiempo. La intensa lluvia obligó a suspender las actividades del pasado viernes. La firma de ejemplares se ha pospuesto.

Sigo adelante con la promoción de mi libro. Esta vez toca visitar la Feria del Libro de Dos Hermanas, que se convoca en medio de las fiestas navideñas desde hace tres años con bastante éxito. Una de estas tardes, al son de los villancicos, estaré firmando ejemplares en la caseta instalada la Biblioteca Pública.

Fecha: Domingo, 30 de diciembre de 2007, a partir de las 12:00.
Lugar: Feria del Libro de Dos Hermanas (Sevilla), Plaza de El Arenal. Caseta de la Biblioteca.
Organización: Biblioteca Pública Municipal "Pedro Laín Entralgo".

sábado, 22 de diciembre de 2007

El escritorio: Sentidos que no lo son

Lamentablemente, hoy día, confundimos el sentido del humor con la falta de sentido común.

jueves, 20 de diciembre de 2007

ScifiWorld Magazine: La fantasía vuelve al cine por Navidad


UN REPASO A LAS MEJORES PELÍCULAS DE FANTASÍA QUE SE ESTRENARÁN ESTA NAVIDAD EN LA GRAN PANTALLA. ¿QUIÉN DICE QUE LA MAGIA SE HA MUERTO EN EL CINE?

El otoño llega a sus últimos días con varios estrenos cinematográficos bastante más interesantes de lo que parecían en principio. Paradójicamente, los avances que podíamos ver semanas antes, pese a su espectacularidad, no hacían justicia a las películas que anunciaban. Era propaganda contraproducente. Habrá quien no irá a verlas debido a la falta de intensidad de la campaña de promoción. Porque muchos, especialmente los que suelen disfrutar con las buenas historias de ficción, con la fantasía más original, se sienten escépticos y ya no creen que el cine les pueda sorprender, en particular si las producciones proceden de Norteamérica.


Continúa aquí.

martes, 18 de diciembre de 2007

Colaboraciones: Nickelodeon, de David Mateo (Tobías Grumm)

A David Mateo se le conoce también como Tobías Grumm, sobrenombre que utiliza en la célebre saga La tierra del dragón, que ya va por el tercer volumen y que va a llegar a Iberoamérica dentro de poco, según ha anunciado en su blog. Le conocí durante una HispaCon, la celebrada en Dos Hermanas, aunque entonces no pudimos cruzar palabra. Desde nuestra colaboración para el II Encuentro de Literatura Fantástica nos une una sincera amistad (sí, escribiendo y leyendo se hacen buenos amigos), una amistad que nos ha llevado a reencontrarnos en otros proyectos. Hoy le dedico un hueco en este rincón de internet y para ello publico el relato que me ha cedido, Nickelodeon, uno de los publicados más recientemente (apareció en la antología Mis pequeños grandes cuentos). David, que tengas más suerte aún y gracias por tu apoyo.


David Mateo y José Ángel Muriel con Richard Morgan


Nickelodeon

La encontré en un convento situado a las afueras de Nueva York, a mediados de 1910; por entonces ya me sentía embargado por una intensa depresión que mermaba mi ímpetu creativo. Los Estudios Edison habían rechazado mis tres últimos trabajos, algo que por otro lado no me cogió por sorpresa, pues ni yo mismo había quedado satisfecho con ellos. Desesperado por encontrar una solución a mis problemas, recorrí extraños barrios y oscuros suburbios, siempre en busca de la chispa furtiva que acabara por despertar ese afán que parecía haber abandonado mi subconsciente. Pero toda imagen que pasaba por mi retina me parecía pueril y anodina, un remedo insustancial de mil diapositivas que ya habían desfilado ante la lente de mi cámara. Finalmente, fue la Madre Superiora del Convento Católico de Sant’Asbesto la que me llevó hasta ella.

Según sus palabras la habían abandonado en la puerta del noviciado no siendo más que una niña. Hasta los quince años fue una criatura introvertida que jamás se había relacionado con el resto de las monjas, pasando los días enclaustrada en su celda, recluyendo su belleza entre los muros de una fría habitación o rezando ante las imágenes aceradas de la Iglesia. Finalmente, llegada la pubertad, había entrado en un estado cataléptico que tan sólo abandonaba por las noches, cuando despertaba de aquella apoplejía mental y los habitantes de Sant’Asbesto podían verla contonearse sola en el patio situado ante los claustros, bañada su blanca piel por el fulgor mortecino que emanaba de la Luna. Marie bailaba y bailaba hasta el alba, sin descanso o respiro, sólo en ese momento regresaba a su encierro y aquellas que se cruzaban en su camino, quedaban sorprendidas ante la expresión macilenta de su rostro, ante sus pupilas dilatadas, ante la mortal ingravidez que parecía dominar todos sus movimientos y la arrastraba inevitablemente hacia ese letargo que parecía dominar el resto de su vida. Ningún médico había encontrado solución a su enfermedad, así que con el permiso de la Madre Superiora, llevé a Marie al pequeño almacén donde desarrollaba mi trabajo y le di cobijo en un zulo situado en el sótano.

Tal como había anunciado la rectora de Sant’Asbesto, Marie se mostró dócil como un cachorro arrancado de la madriguera. No era más que una niña de diecisiete años, de piel blanca y cabello rizado, moreno como finas hebras de obsidiana. La inocencia bullía por sus ojos, desdibujándose entre un rictus de incomprensión, apatía y depresión del que me enamoré inmediatamente.

Sólo con la llegada de la noche, Marie abandonó el zulo, atravesó descalza el piso de cemento y se situó en el centro del sótano, rodeada de paredes sucias y agrietadas. La luz de una bombilla era el único foco de claridad del escenario ante el que coloqué el cinematógrafo. Marie comenzó a bailar entonces, mientras la bobina de la cámara registraba cada uno de sus movimientos, cada uno de sus pasos, cada uno de sus gestos. Sus brazos se agarraban a un ser etéreo mientras sus piernas se deslizaban rítmicamente bajo el camisón de seda. Quedé hipnotizado por su danza sensual, por el movimiento de una frágil cadera que rozaba las paredes mientras era arrastrada por una fuerza sobrenatural que se diluía entre las sombras. Llegué a ver la punción de sus pezones bajo la tela, la rigidez de sus extremidades mientras sus músculos se ponían a prueba hora tras hora, hasta que su tersa piel quedaba bañada en sudor y la luz reflectaba sobre ella como un crisol de constelaciones.

Durante toda la noche llené diez bobinas con más de cuatro horas de metraje, llegada la madrugada, Marie comenzó a emitir extraños gemidos que me erizaron el vello de la nuca. Su faz se contrajo en una máscara de horror que estremeció todo mi ser, pero en contra de todas las leyes cristianas, no dejé de grabar, sino que seguí accionando el cinematógrafo presa de una mezcla de emociones que iban desde la fascinación al terror más absoluto. De pronto, el crujido de la tela al rasgarse rompió el silencio y el cuerpo de Marie quedó desnudo, paralizado por un rictus tenso que la obligaba a ponerse de puntillas mientras los dedos de sus pies y sus manos se retorcían agónicamente. Los jadeos aumentaron al tiempo que sus falanges se rompían una tras otra, pequeños crujidos que se encastraron en mis tímpanos y aún hoy me hacen temblar de terror.

Marie se vio propulsada contra la pared y varias de sus costillas se quebraron al encontrarse con el hormigón. El ruido de su cabeza al besar el muro resultó escalofriante, sus ojos se humedecieron al tiempo que sus brazos se alzaban hacia mí, rogando desesperadamente auxilio. Sin embargo, yo me veía incapaz de soltar la cámara y responder a sus ademanes, aquella sensación de descubrimiento que, durante tanto tiempo, había permanecido apelmazada en mi mente, renacía de golpe y eclosionaba con fuerza en mis entrañas, abstrayéndome del suplico de Marie y absorbiendo mi atención en el trabajo que me llevaba entre manos.

La joven se contorsionó mientras su cuerpo se elevaba centímetro a centímetro, contrayéndose el abdomen y encogiéndose los ijares. Los dedos de sus pies se despegaron del suelo, sus brazos chocaron contra el lienzo y quedaron en postura de crucifixión; una mano se marcó en su carne y oprimió su blanco vientre, impulsando a la lengua a surgir de su garganta y a retorcerse entre los labios. Su abdomen se abrió lentamente mientras los chillidos que surgían de su boca se hacían más y más desagradables; roja sangre manó por el torso abierto de Marie, manchando su pubis y resbalando por sus piernas. Rogué a todos los santos porque no se acabara la bobina en mitad de aquel acto sobrenatural, y lo cierto es que alguien debía estar escuchándome, pues el rollo continuó grabando hasta después de que la doncella expirara tras una última convulsión.

Su cuerpo cayó inerte al suelo, con el vientre dividido en dos profundas laceraciones por las que asomaban las vísceras. Marie se había convertido en una muñeca deslavazada de largas piernas y brazos descoyuntados. Su espalda se arqueaba en una postura imposible y sus ojos, crispados por la muerte, se clavaban en mí en una última súplica.

Presa de aquella inercia irrefrenable que había hecho mella en mi subconsciente, me encerré en el cuarto oscuro y proyecté la primera bobina. En la pantalla apareció Marie, tan bella en la vida como en la muerte, y al poco irrumpió su inesperado acompañante de baile, una sombra envuelta en un negro gabán que pareció emerger de la nada. Tuve que restregarme los ojos varias veces para constatar que no era un engaño del celuloide, sin embargo, por mucho que trataba de dejar atrás aquella pesadilla, seguía viendo a aquel espectro de larga levita, sombrero de copa calado a la testa y pose extravagante. El extraño realizó una reverencia y comenzó a bailar con Marie, apretándola con fuerza contra su pecho e ignorando sus aspavientos. Así, la pareja danzó durante una eternidad, deslizándose armónicamente por cada bobina del cinematógrafo.

El apogeo de la proyección llegó cuando el extraño arrojó a su pareja de baile contra el muro y, despojándose de sus ropas, reveló su verdadera identidad. Se trataba de un ser mitad hombre mitad macho cabrío que, alienado por una repentina sed de sangre, se arrojó sobre la víctima y desolló su vientre mientras daba rienda suelta a un torrente de carcajadas. Una vez más asistí al gesto de dolor de Marie, pude ver sus ojos desorbitados y sus labios emitiendo gritos silenciosos que se perdían en las tinieblas; pero a pesar del calvario que estaba presenciando, mi mente se hallaba extasiada por el resultado de aquel proyecto pues, conforme mi bella musa iba perdiendo la vida, yo comprendía que tenía en mis manos la culminación del trabajo que, durante tanto tiempo, se me había resistido.

Amanecía cuando oculté el cuerpo de Marie en el zulo, me despedí de aquella criatura invisible que moraba en mi cinematógrafo y me reuní con los productores de los Estudios Edison. Les prometí la mejor película que pudieran haber visto en los últimos meses: diez minutos de metraje que yo mismo había preparado antes de abandonar el almacén; un resumen pormenorizado de la macabra danza de mi querida bailarina y su insaciable visitante nocturno.

Supe que las cosas no iban por buen camino en cuanto la criatura salió a escena y se reunió con Marie. Su extravagante atuendo había cambiado y ahora, en vez de levita y sombrero de copa, iba arropado con mis pantalones, mi camisa, mi chaleco y, por supuesto, mi rostro. Pude verme a mí mismo bailar con la bella Marie, apretándola contra mi pecho mientras ella se resistía a ese fatídico final que yo tan bien conocía. Recé a Dios porque las cosas cambiaran, porque el argumento que culminaba mi obra maestra tomara un giro inesperado, pero la criatura que ahora portaba mi faz, acabó desnudándose y, empuñando un cuchillo de desollar, abrió el esternón de Marie ante los ojos horrorizados de todos cuanto se encontraban en la pequeña sala de proyecciones.

Años más tarde, alguien diría con acierto: ¡qué grande es el cine!

FIN

viernes, 14 de diciembre de 2007

ScifiWorld Magazine: Nuestros autores II


CONTINUAMOS CON EL REPASO DE LOS PRINCIPALES AUTORES NACIONALES DE LA LITERATURA DE GÉNERO, DE LA MANO DE JOSE ANGEL MURIEL.

Cuando se habla de escritores cuyo trabajo se aprecia y admira, resulta imposible sentir o expresar algún tipo de preferencia entre ellos. Es cierto que todo escritor tiene obras de diferente calidad, pero la importancia en este caso radica en el cometido de sus proyectos, en la manera en que marcan pautas en la literatura. Por ese motivo, como ya hice en el artículo anterior al dedicar unas líneas a Rafael Marín, Ángel Torres Quesada y Javier Negrete, me limitaré a referirme a los autores de esta segunda entrega siguiendo el orden cronológico en que les conocí personalmente.


Continúa aquí.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Fondos de escritorio de Ladrones de Atlántida

Novedades en la web de El autor. He añadido una zona de descarga. En ella podéis encontrar fondos de escritorio con motivos extraídos de Ladrones de Atlántida. Espero que os gusten.

Fondo 1 Fondo 2
Fondo 3 Fondo 4
Fondo 5

martes, 11 de diciembre de 2007

El escritorio: Pasa la página

Escucha.
Voces hambrientas que claman para ser saciadas,
gemidos que anuncian la muerte.
Pasa la página.

¿Oyes?
Gruñidos de los que moran en la calle,
pobres a miles que imploran una limosna.
Pasa la página.

Mira.
Montañas de hielo se desploman en el mar,
la lluvia y el calor nos azotan intempestivos.
Pasa la página.

Ríe.
Cuando hay que llorar,
la gente desafía las normas y perece en sus coches.
Pasa la página.

Llora.
No hay tregua que valga,
los asesinos siguen matando.
Pasa la página.

Grita.
Los que gobiernan discuten hasta el ridículo,
los problemas crecen, los impuestos menguan.
Pasa la página.

Sufre.
Siguen en silencio, recibiendo el dolor y la humillación,
mujeres que quisieron ser felices.
Pasa la página.

Despierta.
Todo lo que nos dicen es mentira, consciente o inconsciente.
Nos abruman, pero no te duermas, averigua.
Pasa la página.

Cierra los ojos.
Apaga la televisión. Insultos que generan violencia,
la cultura popular sigue en vías de extinción.
Pasa la página.

Desea.
Que empecemos un cuaderno en blanco,
que nos demos cuenta de lo que estamos perdiendo.
que no pasemos página el año que viene.

Feliz Navidad.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Reflexiones de un ególatra: Repugnancia

A riesgo de parecer el típico occidental acomodado –al fin y al cabo, es lo que soy si me comparo con la inmensa mayoría de la población mundial-, esta vez voy a hablar de cosas que me repugnan. O, más bien, de cosas que he presenciado y me han repugnado, hasta la indignación. Debo dichas sensaciones, distintas y contradictorias por ocupar polos opuestos, a los viajes que he realizado hasta el momento a lo largo de mi vida. Porque, en los viajes, se aprende de todo. Generalmente, te quedas con los recuerdos bonitos y positivos, pero también las dificultades hacen mella en el alma del viajero.

Durante mi estancia en El Cairo, experimenté el caos más extraño, que cobraba vida propia en medio de aquella gigantesca ciudad, la más poblada del continente africano. Una de las excursiones que hicimos nos condujo desde nuestro hotel en el centro a la cercana llanura de Giza, donde se encuentran las tres grandes pirámides. Mientras nos acercábamos a aquel lugar, tan célebre y turístico, rodeado de hoteles lujosos, recorrimos la llamada avenida de las Pirámides. Desde mi asiento en el autobús pude contemplar el canal que flanqueaba la calle, por el que circulaban aguas pútridas, colmadas de basuras de todo tipo y hasta cadáveres de animales. Eso era el Tercer Mundo. Bueno, más bien lo era la hilera de viviendas al otro lado de la calle, habitadas por gentes que respiraban aquel aire, por niños que jugaban en torno a aquel canal contaminado. Debo reconocerlo, me resultó repugnante. Al mismo tiempo, me sentí afortunado y me dio lástima ver que realmente había gente que vivía en tan ínfimas condiciones.

En el otro extremo se encuentra Nueva York, la capital del mundo. Yo mismo alabo esa metrópolis, de gran magnetismo, cumbre del entretenimiento. Pero también representa el culmen del capitalismo, de la vanidad humana. Te das cuenta cuando te encuentras rodeado de tan altos edificios, de rascacielos que parecen imposibles de construir. Sin embargo, lo que realmente me repugnó no fue eso, porque ciertamente disfruté de los paseos por las calles neoyorquinas, sino lo que encontré en una tienda de la Quinta Avenida. Una tienda de muñecas muy peculiar. No solo las vendían, sino que las hacían a medida de su compradora, para que se parecieran a ellas, perfectamente equipadas con conjuntos a juego. Además, había una peluquería de muñecas, un médico (taller) de muñecas, un restaurante donde las niñas comían con sus muñecas sentadas al lado como si fueran personas y las madres pagaban facturas elevadísimas. Tal vez esto me repugnó mucho más que lo que había visto en Egipto. Era el colmo de lo absurdo, alcanzaba el mayor ridículo. Me avergonzaba que la humanidad hubiera llegado al punto de dar más importancia a una simple muñeca (y gastarse tanto dinero en su manutención) que a una persona de verdad, habiendo tantas que mueren de hambre al día. Seguramente, me dolió saber que pertenecía, lo quisiera o no, a esta facción del planeta.

viernes, 7 de diciembre de 2007

ScifiWorld Magazine: Nuestros autores I


PRIMER REPASO A LOS AUTORES NACIONALES DE FANTASÍA Y CIENCIA FICCIÓN QUE MÁS ESTÁN DESTACANDO EN LA LITERATURA CONTEMPORÁNEA.

Hace pocos años, encontré en una librería varios números de la interesantísima colección Nova Ciencia Ficción. Uno de los libros que elegí para llevarme a casa fue el tomo que recogía las novelas cortas seleccionadas en el Premio UPC 1991. Se trataba de la primera edición del certamen, cuyo fallo había resuelto premiar exequo las obras Mundo de dioses, de Rafael Marín, y El círculo de piedra, de Ángel Torres Quesada. Además, se había otorgado una mención especial a La luna quieta, de Javier Negrete. "¿Escritores españoles de ciencia ficción? ¿Y ganando premios?", me pregunté entonces, ignorante de mí. Quise darle al libro una oportunidad. Y no me equivoqué.


Continúa aquí.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

La biblioteca: Crímenes ejemplares, de Max Aub

Hacía tiempo que llevaba persiguiendo este libro. Max Aub es siempre un autor original. Hizo muchos experimentos literarios. Y esta recopilación de breves relatos se ha editado con mucho gusto, con mucho estilo. Todas las páginas son de papel negro y las letras argénteas.

Se trata de una colección de microrrelatos, es decir, relatos de muy corta extensión. Aub debió de ser uno de los pioneros en esto, aunque entonces no se les llamaba así. Los textos que componen esta obra tratan un tema común y, de algún modo, es una monografía con un hilo conductor: la muerte. El tono es cínico a veces, tétrico en otras ocasiones, de humor negro en muchos, sorprendente en algunos.

Me hubiera gustado encontrar la edición de Media Vaca, que tiene este aspecto:



Pero la edición, más económica e igualmente elegante, de Thule tampoco está mal:



La mayoría de los relatos son macabros y divertidos. Algunos ocupan una sola línea. Otros se extienden página y media. A veces existe relación entre el que estás leyendo y el anterior. Todos están llenos de un lenguaje fresco y espontáneo que a menudo sorprende. Tengo que añadir que se ha incluido alguno que a mí, personalmente, me ha parecido de mal gusto. Tal vez debería advertirse que no es un libro para corazones sensibles, pero a la vez es un entretenimiento literario muy recomendable.

En la contraportada, uno de los relatos:

"Lo maté sin darme cuenta.
No creo que fuera la primera vez...
"

Destaco dos relatos más:

"La verdad, creí que no lo descubrirían nunca. Sí: era mi mejor amigo. En eso no hay duda: y yo su mejor amigo. Pero estos últimos tiempos ya no le podía aguantar: adivinaba todo lo que yo pensaba. No había modo de escapar. Aun a veces me decía lo que todavía pugnaba por tomar forma en mi imaginación. Era vivir desnudo. Lo preparé bien; seguramente dejé el cuerpo demasiado cerca de la carretera."

"Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro."

Datos del libro:


Título:Crímenes ejemplares
Autores: Max Aub
ISBN (13): 978-84-930221-8-1
Publicación: 04/2001 por Media Vaca
Nº páginas: 144

Título:Crímenes ejemplares
Autores: Max Aub
ISBN (13): 978-84-96473-07-2
Publicación: 09/2005 por Thule Ediciones, S.L.
Nº páginas: 112

lunes, 3 de diciembre de 2007

III Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas

Ya estamos organizando el III Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas (Sevilla). El éxito de la segunda edición fue tan rotundo que nos hemos puesto a trabajar de inmediato en el programa de la siguiente (está previsto que se celebre durante la segunda quincena de septiembre de 2008). Esta vez no solo queremos que vengas al Encuentro, sino que además participes activamente desde el principio. Por eso, convocamos el siguiente concurso.

Consiste en proponer un lema para el III Encuentro de Literatura Fantástica. Te recordamos que la primera edición se tituló Crónicas de lo imaginario y la segunda Caminantes de otros mundos. Este año queremos elegir el lema entre todos los que envíe el público.

Las bases son las siguientes:

1) Cada participante sólo puede enviar un lema.

2) Cada participante propondrá a la organización el lema que haya elegido enviando un mensaje de correo a biblioteca@doshermanas.es con el asunto "Concurso de lemas para el III Encuentro", en el que incluirá su nombre completo, una dirección de correo electrónico a la que se pueda responder y el código postal de la localidad donde reside.

3) El lema debe constar de cinco palabras como máximo.

4) El lema ha de ser suficientemente significativo y estar relacionado con la literatura fantástica, en general, y con la creatividad en particular.

5) Se seleccionarán tres lemas entre todos los enviados: un ganador y dos finalistas.

6) El jurado del concurso puede declarar desierto el premio, pero se entregará un lote de libros a los autores de los tres lemas que se consideren más próximos a los criterios buscados.

7) Para participar en el concurso no es necesario inscribirse en el III Encuentro (puede participar cualquiera que lo desee), pero para la entrega de los lotes de libros, que se realizará durante el III Encuentro, los finalistas deben inscribirse antes del fallo y asistir al evento.

8) El plazo de entrega concluirá el 11 de mayo de 2008. El fallo será el 31 de mayo de 2008, se comunicará a los agraciados y se hará público a través de internet.

9) El ganador accederá a que la organización reconozca públicamente la autoría del lema y divulgue su nombre. Conservará los derechos intelectuales sobre el lema, pero renunciará a reclamar cualquier tipo de compensación por la utilización del lema por parte de las administraciones del Ayuntamiento de Dos Hermanas y por tiempo indefinido en cualquier mención presente o futura al III Encuentro.

10) La participación en este concurso implica la aceptación de todas las bases.

Notas adicionales: El uso que se hará del lema será meramente conmemorativo, sin afán de lucro. Los autores de los tres lemas seleccionados no tendrán que abonar la inscripción para asistir al III Encuentro.

Más información aquí.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Colaboraciones: La expulsión, de Pedro Merino

Pedro Merino se dirigió a mí recientemente, atraído por la idea de compartir sus narraciones en nuevos ambientes. Este contador de historias, como él mismo se define, procede de la bella Cuba, pero reside en Tampa, Estados Unidos. Allí refuerza su inglés y trabaja como bibliotecario, siempre cerca de los libros. De hecho, lee todo tipo de literatura, aunque haya centrado sus esfuerzos de escritor en el género negro. Busca agente literario para publicar sus seis novelas y sus cuentos.

Pedro me ofreció algunos de sus cuentos. Los leí con placer, pero decidí publicar aquí La expulsión, que encontré en su blog, la Quinta de la Caridad.

La profundidad nerviosa movía y emergía pesadas basuras por la playa. Los bancos de arenas se desmoronaban y dejaban precipicios que los microorganismos vivos y muertos subían de repente impregnados en un objeto cilíndrico, cuya masa sonaba como metal contra los caracoles y piedras, embarrado de algas.

La marea subía y empujaba, entre el agua y la arena, los restos perdidos. El objeto iba y venía de un lado a otro por su forma. Rodaba sin pararse en un lugar. Brincaba porque no se dejaba dominar después de varios siglos tragado por las arenas. Volvía a emerger por la corriente que quería echarlo fuera de su hábitat.

Silbaba por los choques con otros desechos antiquísimos. Daba vueltas y se postraba, hasta que varias olas lo impulsaron hacia la orilla. Giraba y brillaba el cobre. Las puntas de las olas tendidas no lo rozaban, mientras el viento le hacía remolinear por la superficie arenosa. Aún sin brisa se movía.

Quedaba tranquilo, pero a medida que el sol se encaramaba, un fulgor encandilaba la vista de dos pescadores.

De lejos parecía un pez, de cabeza y cola, mutilado. Tenía la aproximación a una obra de arte. Los pescadores, después de amarrar el bote al muelle, se sintieron atraídos por el objeto. La pesca fue mezquina, pero uno de ellos lo vio y lo encestó junto a los pescados. El otro no le hizo caso y le criticó la carga inútil.

Caminaron hacia el poblado, uno resignado, el otro esperanzado. Cada quien se desvió en pos de su hogar. El de la pesada carga comenzó a imaginarse el contenido del objeto, las manos no se unían al asirlo y la longitud no superaba media braza.

En casa repartió la pesca con la familia y se llevó en la jaba el objeto. En el patio lo sacó y observó un sudor ferroso que espiraba. Buscó instrumentos para deformar la estructura. Le asestó golpazos hasta dejarle chichones y abolladuras. Lo agitó con brusquedad y esta vez desde la “barriga” parecían brincar monedas o joyas. Imaginó la más ambiciosa fantasía. Pero extenuado por el hambre, postergó la manera en que haría vomitar la entraña del objeto.

Por la noche, después de la cena, miró al hallazgo que le refulgía una sombra extraña. Un gaseoso olor le hizo toser y lo ocultó en el cuarto de desahogo.

Al despertarse recordó un sueño donde, por la tarde, un galeón español había encallado en los farallones y en la orilla distinguió a mujeres y hombres harapientos, contó a varios niños, y varios cuerpos inflados que las olas reventaban contra los dientes de perros, volvían a restregarlos y un color marrón teñía los alrededores; pero vio más: unos negros con taparrabos saltaban y gritaban alrededor de los blancos, mientras un negro vestido oraba mediante convulsiones arrítmicas en el mismo lugar donde encontraron el objeto cilíndrico.

Fue hasta la playa y notó que había pescados reventados. Pensó en la contaminación del agua o que habría un tesoro en los bancos de arenas. Varios días repitió la inspección, pero no emergió nada.

Habló con un biólogo marino y le explicó que cualquier hallazgo que se descubriera, pertenecía al patrimonio nacional porque estaba en la plataforma insular del país. Que si era de valor histórico tenía que devolverlo.

Dejó de pescar. Día y noche pensaba en el objeto. Esperaba con inteligencia operarle el vientre. Consiguió una sierra. Pero los dientes del disco se le partían al más leve contacto con la piel de cobre. El motor no tenía potencia. Las huellas de los intentos por penetrarlo se pronunciaban más; sin embargo, el sonido a monedas seguía tintineando desde dentro.

Buscó un berbiquí y observó que la punta del barreno echaba un humillo y desplegaba un olor a quemado. No podía penetrar el objeto. No había forma. Seguía con los deseos. La reserva del encuentro del hallazgo la mantenía con cautela. En cualquier instante podían decomisarle el regalo del mar.

Desilusionado porque todavía no había abierto el objeto misterioso, decidió esconderlo quién sabe hasta que día.

Pasaron años sin que no supiera el secreto. El hijo mayor iba a casarse. El pueblo lo esperaba en la calle. Adentro él terminaba de ajustarse la corbata. La novia estaba sentada en el auto junto con el padre. El objeto todavía brillaba con las abolladuras y chichones. El joven lo abrazó con las manos. Lo colocó encima de las piernas, cuyos extremos sobresalían. Alzó el martillo que hizo una curva en el aire. Cayó encima del objeto el peso exacto, el golpe definitivo... La detonación rajó las paredes como un movimiento telúrico.

El amigo vio expulsar fragmentos chispeantes que le vaciaron un ojo. Con uno, y ensangrentado, observó que recogían sesenta y cinco libras de carne de ciento setenta del joven. Recordó el mediodía que pasaron por la playa y a su compañero que cargó el objeto cilíndrico sin desconfiar de la devolución del mar "atorado con parásitos en los intestinos".