lunes, 13 de noviembre de 2006

Querida HISPACON

Más vale tarde que nunca. Aunque ya ha pasado más de una semana desde que se celebró el XXIV Congreso Nacional de la AEFCFT, es decir, la HISPACON 2006 (también llamada DHCON por la sede, Dos Hermanas), no quería dejar de añadir mis impresiones personales al respecto. Puedo afirmar que terminé muy satisfecho y con ganas de más. Así que me alegré muchísimo de saber que probablemente el año que viene se desarrolle en Sevilla, aún más cerca de mi casa.

Es una pena que estos eventos no se prodiguen más. Pero, claro, tienen un público reducido (si unas trescientas o trescientas cincuenta personas en total -según las estimaciones ofrecidas por la prensa de Dos Hermanas- pueden considerarse un público reducido) y aumentar la frecuencia puede suponer agotar a los invitados y a quienes esperan ansiosamente asistir a este tipo de actividades e incluso redundar en la temática.

De todas formas, si todo sigue adelante (todo apunta a que sí), es cierto que el número de actos relacionados con la literatura fantástica seguirá creciendo. De hecho, si la HISPACON se ha celebrado este año en Dos Hermanas ha sido gracias a que la organización conocía la sede por las I Jornadas de Literatura Fantástica realizadas en mayo con bastante éxito. Aún recuerdo cuando Rafa Marín me escribió hace dos meses buscando una alternativa para la HISPACON 2006, a punto de naufragar por los problemas en Córdoba. Fue muy emocionante poder formar parte de esto desde el principio. Imaginaos cuánto me entusiasmó entonces, cuando días después sabíamos que Dos Hermanas sería definitivamente la sede, ver mi nombre en el cartel como autor invitado, junto al de tantos escritores conocidos, nacionales (Ángel Torres, Rafa Marín, Víctor Conde, Joaquín Revuelta, Tobías Grumm, etc) como extranjeros (Ian Watson, Richard Morgan, Kiril Yeskov, etc).

Tras la inauguración en el Teatro Municipal, con el discurso del Concejal de Cultura y de la directora de la Biblioteca, asistí atentamente a los actos que se sucedieron. Claro que siempre era difícil elegir y temías estar en el sitio menos interesante. En realidad, eso nunca pudo ocurrir. Todas las actividades lo eran.


Carlos Quintana, Agustín Jaureguizar y Ángel Torres Quesada

Después de la curiosa exposición de Juan Carlos Pereletegui sobre la ciencia ficción en español (de ahí el título de "Ciencia ficción de pata negra"), me dispuse a coger mi máquina del tiempo con Agustín Jaureguizar, que, acompañado de Carlos Quintana y Ángel Torres, recorrió algunas obras de la literatura en las que se utiliza el viaje en el tiempo como elemento de la trama. Se suponía que, antes de que terminara esta conferencia, debía estar sentado en la mesa redonda de la otra sala, pero pude escucharla completamente. Estaba tranquilo porque Ángel Torres, sentado en esos momentos al lado del conferenciante, también tenía que sumarse a la siguiente charla.


Con Ángel Torres Quesada

Mi sensación es que a la mesa redonda "De las novelas de a duro a los novísimos" le faltó tiempo. Pero no lo digo en tono crítico, sino porque era un tema en el que estoy seguro de que tanto los veteranos Ángel Torres, Alfredo Álamo, Víctor Conde y Joaquín Revuelta, como los autores noveles Pepe Carrasco y yo, habríamos querido decir mucho más (desde luego, yo me quedé con las ganas). Pero había que cumplir con la programación y los moderadores fueron muy puntuales en los comienzos y los finales (labor meritoria, porque no es cuestión fácil).


Alfredo Álamo, Joaquín Revuelta, Víctor Conde y Pepe Carrasco

Al día siguiente, mientras se producía el primer encuentro con el escritor Richard Morgan, Alfonso Merelo presentaba mi novela Ladrones de Atlántida en la sala contigua. Me sorprendió gratamente comprobar que el público iba en aumento, pese al interés que podía suscitar el afable Morgan, que, para colmo, sabía hablar español perfectamente. En cuanto al discurso de Alfonso para introducirme fue tan agradable como halagüeño.


Alfonso Merelo presentando Ladrones de Atlántida

Habría quien pudiera decir que en las presentaciones de mi libro siempre se despierta el espíritu andaluz que llevo dentro, porque, mientras hablo, parece que esté cantando por bulerías, a juzgar por los gestos de las manos y la expresión de estupor de Alfonso en la fotografía siguiente. Podría enseñaros alguna escena parecida en actos anteriores. Debe de ser que me emociono hablando de la Atlántida...


Las actividades seguían desarrollándose, aparentemente con completa normalidad. La organización nos confesaba a algunos privilegiados que sí estaba habiendo algún que otro problemilla, incluso alguno importante. Pero para el público todo aquello estaba resultando invisible y la HISPACON transcurría complaciendo a los presentes, ya fueran invitados o asistentes.


Ian Watson

Escuchar a Ian Watson hablar sobre Inteligencia Artificial fue un lujo que pocas veces puede experimentarse. Sus esfuerzos y sus ensayos para dar la conferencia en español merecieron la pena, aunque su entonación resultara algo extraña. El turno de preguntas resultó tan interesante como la propia exposición. Y hubo una aseveración poniendo en tela de juicio nuestra propia realidad que me gustó especialmente: "Poder construir una matriz (como en la película Matrix) puede significar que ya estamos viviendo dentro de una simulación".


Rafa Marín presentado por Joaquín Revuelta

Este lujo sólo es comparable al de oír a Joaquín Revuelta y Rafa Marín cantando a coro. Rafa presentó su nueva novela, Juglar, leyendo íntegramente uno de sus capítulos más siniestros. Para ello tuvo que poner la voz de un muerto en los diálogos y, de haber sido de noche, las sensaciones hubieran sido realmente tenebrosas. Entre Juglar y Lágrimas de luz, curiosamente los dos libros que me firmó esa tarde, el autor y sus amigos establecían una relación que me permitirá leerlos con otra mirada.


Richard Morgan y Kiril Yeskov

Por último, el domingo, antes de la clausura, pudimos ver juntos, en una mesa redonda acerca de nuevas tendencias en la literatura de fantasía y ciencia ficción, a Tobías Grumm, Richard Morgan y Kiril Yeskov. Hubo una especie de simpático duelo entre los dos extranjeros que supieron llevar con muchísima armonía, llevándose la razón o la contraria elegantemente.

Sólo me he detenido en algunas de las cosas que más me llamaron la atención, tratando de resumir cuánto disfruté y recoger una minúscula representación de los instantes vividos esos días (ya comenté algo en mi web). Pero hay mucho más en los siguientes enlaces:

Memorando, blog de Alfonso Merelo:
He vuelto de la HISPACON
Crónicas Hispacómicas

Cosillas güenas de Alfonso Merelo:
Fotos del viernes 3 de noviembre en DHCON
Fotos del sábado 4 de noviembre en DHCON
Entrega de Ignotus 2006

Esperando la marea, blog de Joaquín Revuelta:
Mudo por culpa de la HISPACON 2006

Crisei - Bitácora de Rafael Marín:
De vuelta tras el paréntesis

La sombra de Grumm, blog oficial de Tobías Grumm:
HISPACON: 1660 kilómetros entre pecho y espalda pero... ¿qué más da si soy feliz?

Frolik 8, blog literario de Alfredo Álamo:
HISPACON 2006: Notas

...y tan pocas balas, blog de Víctor Miguel Gallardo:
HISPACON 2006
HISPACON 2006: breve álbum fotográfico

Escrito en el agua, blog de Rodolfo Martínez:
Siensia ficción en Dos Hermanas

Y el exhibicionismo, blog de Gabriella Campbell:
DHCON finiquitada y servidora exhausta

No crónica de una HispaCon, por PilyB

Recuerdos de una HispaCon, por Tobías Grumm

Fotos de Alex Vidal

Más fotos

Reseñas en los medios de comunicación:
Periódico El Nazareno
Relación de Premios Ignotus 2006

domingo, 12 de noviembre de 2006

La biblioteca: Sputnik, mi amor de Haruki Murakami

La editorial Tusquets comentó acerca del libro: "Cuando en mayo de 2001 presentamos a los lectores en lengua española la monumental novela Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, sabíamos que muchos sucumbirían a la magia de la escritura del japonés Haruki Murakami, de modo que decidimos, a partir de entonces, seguir su trayectoria literaria; por eso publicamos ahora Sputnik, mi amor, su novela más reciente, e iremos editando sus anteriores obras. Traducido, homenajeado y leído en el mundo entero, Murakami también merece darse a conocer definitivamente en España."

Texto de contraportada de la novela: "Perdidos en la inmensa metrópoli de Tokio, tres personas se buscan desesperadamente intentando romper el eterno viaje circular de la soledad; un viaje parecido al del satélite ruso Sputnik, donde la perra Laika giraba alrededor de la Tierra y dirigía su atónita mirada hacia el espacio infinito. El narrador, un joven profesor de primaria, está enamorado de Sumire, a quien conoció en la universidad. Pero Sumire tiene una única obsesión: ser novelista; además se considera la última rebelde, viste como un muchacho, fuma como un carretero y rechaza toda convención moral. Un buen día, Sumire conoce a Myû en una boda, una mujer casada de mediana edad tan hermosa como enigmática, y se enamora apasionadamente de ella. Myû contrata a Sumire como secretaria y juntas emprenden un viaje de negocios por Europa que tendrá un enigmático final."

Sputnik, mi amor enmarca un triángulo amoroso (entre dos mujeres, Sumire y Myû, y un hombre) que, hoy en día, se ha vuelto más convencional aunque no sea el típico romance entre dos hombres y una mujer donde ésta es perseguida por ambos varones, por ejemplo. Pero, en cambio, los protagonistas no son convencionales. Murakami parece basar sus relatos en personas complicadas o tal vez resalta aquello que las hace parecer complicadas. Al fin y al cabo, ¿no somos todos complicados a nuestra manera y tenemos nuestras manías, nuestras rarezas? El propio narrador de la historia así lo plantea.

El primer párrafo es terrible, impactante, lo suficientemente impactante para atraer la atención y seguir leyendo. Y me gusta que en cuatro páginas sepas de qué va la historia (que el título quede justificado y se entienda). La novela mantiene al lector en tensión conforme se cuenta lo que va ocurriendo. A pesar de eso, hay capítulos, como aquel en el que se describe el viaje del protagonista masculino a Grecia, que resultan algo lentos, innecesarios. Pero imagino que es para prolongar ese suspense.

La forma de contar las cosas es muy ligera y termina gustándome más que como lo hace en Tokio Blues. No obstante, al principio la narración va como dando tumbos, del pasado al presente, y el autor se ve obligado a situar al lector una y otra vez. Es un recurso extraño.

Por otra parte, durante toda la historia, mientras leía, tenía la impresión de que nos estaba contando anécdotas ocurridas en los años sesenta o setenta del siglo XX, a juzgar por el ambiente recreado. Pero me ha asombrado comprobar que no es así, que el autor menciona el euro como moneda europea. Así que se trata de una época muy reciente (el libro se publicó por primera vez en 1999).

Finalmente, en líneas generales, mi conclusión personal es que la historia contada en Tokio Blues es más atractiva. Sin embargo, esta otra novela tiene pasajes estupendos y frases destacables, seguramente muchas son reflexiones del autor (puestas en boca de los personajes). Cabe señalar que, una vez contada la historia de Myû y leídos los documentos de Sumire, el libro, a mi parecer, sufre un bajón. Los últimos capítulos parecen estar escritos con un estilo diferente, más plúmbeo, y no reflejan bien la angustia de los personajes, que creo que es lo que se pretende. Tal vez por eso me gustó más Tokio Blues, porque los sentimientos y las emociones quedaban mejor descritos.

En esta obra de Murakami, la segunda que leo, el narrador vuelve a actuar como mero observador a pesar de ser agente partícipe. Vuelve a ser un sujeto más bien pasivo pese a las acciones que realiza. Nos parece que quienes le rodean están más llenos de vida.

Ahora comentaré dos aspectos concretos que quizás no deba conocer quien quiera leer la obra. La anécdota del pelo blanco de Myû es un símbolo importantísimo en la novela. Sin embargo, Murakami no consigue transmitir su importancia con suficiente fuerza y eso me sorprendió al leerla. Algo le falta a la narración en este punto para darle verdadero valor a ese hecho tan singular que marca a la figura de Myû y su personalidad. No obstante, la idea del pelo blanco me gusta. Otra idea que me gusta es el placer encontrado por Myû en el ocio de una pequeña ciudad (ya sea suiza o de cualquier otro sitio), turbado por la persecución interesada de un pretendiente. Ahí sí quedan reflejadas perfectamente las sensaciones de la mujer.

Datos del libro:


Título: Sputnik, mi amor
Autor: Haruki Murakami
ISBN: 84-8310-216-1 ; 978-84-8310-216-9
Publicación: 09/2002 por Tusquets Editores (Colección Andanzas, 487)
Nº páginas: 248

viernes, 10 de noviembre de 2006

Cine: Spiderman 3 - Nuevo avance

Ya tenemos nuevo avance de Spiderman 3, película que se estrenará en mayo de 2007. No está mal, aunque sigo pensando que muchas de las imágenes creadas por animación digital siguen pareciendo dibujos animados. Sin embargo, estoy seguro de que disfrutaré como un enano cuando la proyecten. Podéis ver el "trailer" en alta definición aquí.

Me ha llamado la atención la confirmación de que el Hombre de Arena, muy bien caracterizado y tan animal como en los tebeos, será uno de los principales villanos, así como el Duende Verde (alias Harry Osborn). ¿O se limitarán a llamarle Duende a secas, como en la serie Ultimate Spiderman? También tenemos al uniforme simbionte o algo similar. Pero de Veneno, nada.

No estoy tan al día como me gustaría. ¿Alguien sabe dónde se concreta algo más al respecto?

Reeditado el 13 de noviembre: Me contesto a mí mismo en parte. No sé qué fiabilidad ofrecen estas imágenes, según dicen filtradas, pero en cualquier caso resultan curiosas. Vuelve a aparecer Gwen Stacy y la escena final muy bien podría estar preparada para el final de la película. Vosotros mismos...

Web de Spiderman en Sony Pictures
Para ver el teaser trailer anterior

jueves, 9 de noviembre de 2006

Se buscan colaboraciones

Si has llegado hasta aquí es porque te interesa la literatura y posiblemente no sólo leer sino también escribir.

En mi cuaderno de bitácora pretendo recoger todas esas cosas que creo interesantes, en torno al mundo de los libros o fuera de él, porque puedan servir para inspirarnos ideas o como simple elemento de ocio. Entre otras cosas, me gustaría publicar trabajos de otras personas para darles una oportunidad de ser conocidos en la red al tiempo que se promociona el sitio y se fomenta su visita. Pueden ser relatos, poemas, críticas literarias, anuncios de eventos, experiencias como autores, reseñas bibliográficas... Todo lo que pueda resultar útil para quienes sentimos una especial predilección por el papel y los lápices.

Te animo a participar en esta propuesta. Para ello, envía tus textos a jamuriel@elautor.com.

Gracias.

Taller: La carrera previa del escritor (I)

Hablar de talleres literarios siempre es aventurado, porque ni siquiera el escritor más reconocido y consagrado puede dar algo más que algunas recomendaciones a quienes se inician en el difícil mundo de las editoriales y de la literatura. Cada escritor es, como individuo, un mundo de posibilidades literarias muy diferentes. Eso sí, puede aportar su propia experiencia. Y también se pueden marcar unas pautas que, en un momento dado, todos podríamos seguir como una guía.

Si llamamos “taller literario” a esta actividad es para distinguirla de alguna manera con respecto a las demás actividades programadas dentro de las I Jornadas de Literatura Fantástica, pues nuestro propósito era simple: transmitir a otras personas que escriben la experiencia de quienes ya han recorrido una parte del camino. Así se hacía en las tertulias que se celebraban en los siglos XVIII y XIX en torno a uno o varios eruditos para intercambiar impresiones y discutir de los problemas técnicos de la literatura. De hecho, si nosotros estamos hoy aquí es porque consideramos la literatura realmente importante y nos gusta hablar de libros.

Dividiremos esta actividad en dos partes. En la primera intentaremos definir brevemente, sin entrar en demasiados detalles, qué cualidades debe trabajar un escritor para escribir bien, con el objeto de poder presentar más tarde la obra escrita para su posible edición comercial.

En la segunda sección trataremos las distintas opciones que tiene una persona que ha escrito una obra y la quiere publicar. Entraremos en tantos detalles como queráis, pero tenemos un tiempo limitado. Por eso, si queréis más información, podéis dejarme al final vuestras direcciones de correo electrónico y os enviaré un resumen de la documentación con la que vamos a trabajar.

Aprovecharemos para contar la experiencia personal de varios autores. Cada uno de ellos ha utilizado una vía diferente para introducirse en el mundo de los libros. El objetivo principal de quien escribe no debe ser exclusivamente la publicación de su obra, pero obviamente el cometido de todo acto creativo es encontrar un público que complete con su interpretación el ciclo vital de la obra resultante, en este caso el fruto de escribir.

¿Qué es escribir?

Empecemos con varias citas para conocer la opinión de algunos personajes célebres:

“Escribir es una larga pregunta.”

Ana María Matute

“Escribir es como mostrar una huella digital del alma.”

Mario Bellatín

“Escribir es una forma de automutilación, cada vez que el escritor deja caer la letra sobre el papel, está en realidad arrancando una parte de su ser, para entregarla a las fauces anónimas de la historia.”

Gerardo Bloomerfield

“El arte de escribir consiste en el arte de interesar.”

Jacques Delille

En la película Descubriendo a Forrester el protagonista, un novelista interpretado por Sean Connery, dicta las tres reglas básicas a seguir para ser escritor: escribir, escribir y escribir. Dentro de cierto contexto esto es totalmente válido. Sin embargo, también es evidente que “todo el mundo puede escribir, pero no todo lo escrito es literatura”.

Para el escritor, tal vez no tenga sentido buscar el significado de lo que es escribir. Para el escritor, escribir es tan vital y necesario como respirar (con estas mismas palabras lo afirmó en su día el escritor Franz Kafka, autor de la Metamorfosis). Simplemente lo hace, escribe. Hay quien se detiene a intentar definirlo como si fuera un concepto más a tener en cuenta.

Algunos –como Jacques Delille, a quien acabamos de leer- dicen que escribir es un arte. Yo, personalmente, quizás por ignorancia, no me atrevería a afirmar tanto, pero, cuando menos, escribir es una forma de disfrute para quien lo hace.

Quien escribe goza de un genio, importa poco ahora su envergadura o importancia, un talento que le permite enlazar conceptos y palabras, pudiendo crear sus propias reglas y sus propios esquemas para construir la obra escrita, buscando la belleza oculta tras las letras.

Ahora surge otra pregunta: ¿qué es un escritor?



Nota: Material extraído del taller literario “Tengo una historia, ¿quién me la publica?” impartido el 27 de mayo de 2006 durante las I Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas, Sevilla.

miércoles, 8 de noviembre de 2006

El escritorio: Tanka del escritor frustrado

Grandes ideas
o palabras audaces,
faltan a veces.
Sólo líneas vacías,
algunos versos huecos.


Tanka: Poema de origen japonés compuesto por cinco versos de 5, 7, 5, 7 y 7 onjis (entiéndase sílabas). La tercera línea hace de pivote entre los dos primeros versos y los dos últimos.

Leyendo el libro Sputnik, mi amor de Haruki Murakami se me ha antojado intentarlo.

martes, 7 de noviembre de 2006

Reflexiones de un ególatra: El reparto de poder en el mundo

Esta mañana he leído este artículo y me he quedado un poco sorprendido. No es que me extrañe que existan estas cosas, pues, de hecho, soy de los que creen que podría haber un conjunto limitado de personas que gobiernan el mundo y lo controlan (quienes manejan los hilos), pero leerlo como noticia me ha hecho pensar en una típica inocentada o en el argumento de una novela.

Nunca he sentido interés por pertenecer a ningún club, posiblemente porque la mayoría de ellos parecen basarse en un sentimiento clasista o elitista que nunca podría compartir. Nadie es superior a nadie, aún menos si es por la fortuna de tener mayores recursos que otros. Así que, desde luego, jamás me gustaría verme representado en este Club Bilderberg. Mala suerte, he llegado tarde. Tenemos representantes serios en esta sociedad que parece tomarse como algo personal la "salvación" del planeta. ¿Tendrán en cuenta también los riesgos medioambientales a los que la Humanidad está sometiendo su mundo natal? ¿Realmente con el uso de tres monedas en todas partes repararíamos el hambre y la pobreza que azota a tres cuartas partes (o cuatro quintas partes) de nuestra población?

Qué dolor me provoca pensar que con nuestras sobras podría alimentarse a todos los que se mueren o están muriendo de hambre. Esas sobras no es lo que tiramos en nuestras casas (aunque está bien educar a nuestros hijos enseñándoles que deben rebañar el plato y no dejarse nada; aún dicen que en un restaurante es de mal gusto hacerlo, qué estupidez), sino que se trata de los excedentes industriales de los que nos deshacemos para no perder un ápice de nuestra riqueza, de nuestro poder frente a los pobres.

Como he dicho tantas veces, el mundo está en equilibrio gracias al desequilibrio, al caos que reina y permite a unos ser ricos a costa de que otros vivan de forma miserable. Porque la ambición puede al ser humano y éste antepone sus riquezas a todo lo demás.

Este viernes, si a alguien le tocara el premio máximo del Euromillón, se llevaría un bote de más de 110 millones de euros (como dicen en la tele, más de 18.000 millones de las antiguas pesetas). Con tanto dinero podría vivir cómodamente toda mi familia (mis padres, mis suegros, mis hermanos y mis cuñados, si apuras hasta mis tíos y primos) durante los años que duremos. Nada más que con los intereses nos aseguraríamos un buen salario, por no hablar de las inversiones que se podrían hacer con prósperos rendimientos. O sea, indudablemente, si me tocara el premio, sería riquísimo.

Luego piensas a otra escala y recuerdas esos amplios pisos que vendían junto a Central Park, en Nueva York. Muchos valían más de 50 millones de dólares y algunos alcanzaban los 75. Personalidades célebres como Madonna, Robert de Niro, Paul Newman, etc, tienen pisos en la zona. Pero además tienen viviendas en otras ciudades. ¿Cuánto dinero manejan estas personas, sin ser realmente personas que representen el poder político? ¿Os dais cuenta de la envergadura del problema? Qué mal, pero qué mal repartido está el mundo...

jueves, 26 de octubre de 2006

Reflexiones de un ególatra: Falocracia

Estos días, con la presentación de Volver en Estados Unidos, se está volviendo a ver mucho a Almodóvar por la tele. Como vuelva a ganar, le van a tener que dar un buen premio aquí en España, porque seguirá batiendo récords. A quien también estamos viendo mucho es a Pe, Pene o como queráis llamarla. Siempre es noticia, pero la promoción de la película la ha puesto otra vez en la pantalla. Para colmo -mucho más importante-, ahora parece que sale con Legolash, Will, Orlando o como queráis llamarlo.

Con ese espíritu que arrastramos desde la Edad Media en España, muchos serán a los que llame la atención la vida sentimental tan díscola de Penélope Cruz (o de Elsa Pataky). Desde luego, se está conociendo a todo Hollywood. Claro que, si pudiera, en su lugar yo también lo haría. Conviene establecer contactos y promocionarse...

Sólo dejo la insinuación de lo que, segura y lamentablemente, muchos en este país habrán pensado y no pensarían si el protagonista de tantos amoríos fuera un hombre (saldrá a comparación Antonio Banderas que, muy noblemente, sigue con Melanie desde que se plantó en América).

Vivimos en una falocracia. Y es difícil derribarla.

Si algo bueno tiene el capitalismo es que está permitiendo que la mujer gane terreno hacia la igualdad. Pero en el fondo hay muchos hombres que, digan lo que digan, siguen sin ser ecuánimes. Frente a un hombre y una mujer, más probablemente optarán por un hombre. Seguimos sintiendo discriminación. A veces esta discriminación se vuelve en contra de los varones y actúa contra ellos. En realidad, esto es otra batalla perdida por todos. Porque la igualdad sólo se conseguirá pacíficamente, solidariamente. Eso es lo que tenemos que aprender, moral y civismo.

Para ilustrar esto, vuelvo a los ejemplos gráficos en los que desvelaré algunos aspectos de dos películas.

Primero vi Separados, recién estrenada. Acudí desilusionado (no tenía otra mejor que ver en cartelera), pensando que se trataba de una comedia grosera. Desde luego, groseros son los mensajes de los personajes, sobre todo del masculino (interpretado por alguien que además produce la película, lo que le honra). Pero es una comedia antiyanqui que critica inteligentemente la hipocresía y la actitud habitual en el cine estadounidense. A las chicas, aconsejo que la vean. Pone a los hombres y a las mujeres en su sitio y termina como debe terminar. Es bastante realista y me ha servido para recomendar a alguien, de forma indirecta, lo que debería hacer. Pero no me ha hecho caso.

Después he visto Click, de la que esperaba más. Pero sólo es un remedo de Como Dios (¿así se titulaba?), la de Jim Carrey. Esperaba más risas, pero me disgustó la hipocresía y la actitud habitual del cine estadounidense. El protagonista es un padre de familia, muy trabajador (tanto que se pasa todo el día en la oficina y no tiene tiempo para los suyos), que mantiene a su mujer y a sus hijos y que es la pieza fundamental sin la que no podrían subsistir. La mujer no trabaja, es ama de casa, la pieza decorativa. La hija es guapa pero tonta, al menos de mayor (¿dónde mete su perspicacia infantil?). Y el hijo es conflictivo pero digno heredero del legado profesional de su padre (el famoso patriarcado que nos venden los yanquis, auspiciados por la cultura judía). De hecho, en un momento dado, el protagonista replica en una discusión con su mujer que se deja los cuernos en el trabajo por ella y por sus hijos, que trabaja por ellos, vamos que lo hace para mantenerla y que ella no trabaje (esta frase le costó al protagonista de Separados la crisis en su relación con la protagonista). Al final, Adam Sandler se me hace odioso y no me creo nada. Aún menos la moraleja típica. Nos meten el mismo mensaje en cada "telefilme" que emiten en la televisión.

La falocracia perdura. Le hacen propaganda desde Norteamérica. Y nosotros, por desidia, seguimos ese modelo. Pero en Europa, ¿no somos más listos?

jueves, 5 de octubre de 2006

Reflexiones de un ególatra: Información manipulada

Hace unas tres semanas, mientras almorzaba en casa, veía las noticias. Como suele ocurrir, el telediario (no recuerdo de qué cadena) estaba lleno de morbo y mal gusto. Aquel día la noticia más dispar, ya que no había nada importante que decir acerca del fútbol, era una grabación llegada desde Estados Unidos donde un periodista era vapuleado por un tipo mal encarado (un delincuente) y su esposa a la puerta de la casa de ambos. La paliza fue brutal, tal como había anunciado la locutora. Daba pena ver a aquel pobre diablo revolcándose en el suelo mientras le partían las costillas y la cara.

Obviamente, al ser la víctima un periodista, nos querían demostrar a los televidentes cómo se la juegan los profesionales del medio para conseguir una noticia. Pero, si te paras y recapacitas, como yo hice en aquel momento, no dejan de jugar con nosotros. Porque, de acuerdo, estaban apaleando a un periodista. Pero las imágenes que estábamos viendo habían sido tomadas por una cámara, ¡por otro periodista! Otro periodista que estaba asistiendo a la escena y en lugar de detener la reyerta y rescatar a su amigo maltrecho prefería grabar y tener "pruebas" por las que luego le pagarían bien. Acabamos.

Así nos informan.

En realidad, para enterarnos de los acontecimientos, tendremos que esperar de cinco a diez años. Releyendo la historia veremos las cosas más claras (entonces puede ser tarde, claro). Precisamente, releyendo la historia supe que, mientras yo, con cinco o seis años, me creía mal tratado en un colegio de Burgos por los abusivos castigos que imperaban entonces por parte de algunos profesores sin motivo aparente (qué terrible me parecía esa injusticia, que tanto me afectó personalmente), varios millones de personas morían ejecutados indiscriminadamente a manos de los jemeres rojos en otra parte del planeta. Qué montón de inmundicia y crueldad rueda por el mundo y a veces ni nos enteramos ni nos queremos enterar.

miércoles, 27 de septiembre de 2006

Reflexiones de un ególatra: En el mundo de Disnomia

Paul Auster se inventó el País de las Últimas Cosas. ¿O no se lo inventó? Mientras leía esta novela, me parecía reconocer una Nueva York sólo algo exagerada para cumplir los propósitos críticos del autor. A veces me parece que no falta mucho para que, en nuestra realidad, vivamos en el mundo de Disnomia, la hija de Eris, alias la Discordia.

Esto es lo que he pensado al enterarme de que han puesto el nombre de Disnomia al satélite del cuerpo celeste que hasta ahora se llamaba informalmente Xena y que ahora han bautizado como Eris. Por culpa de Xena/Eris hemos perdido un planeta en el Sistema Solar (el entrañable pequeño de la casa, Plutón). Con lo contentos que estábamos todos (sobre todo los astrólogos) con nuestros nueve planetas. Por culpa de estas redefiniciones, hemos perdido categoría en el Universo y no podremos ir a los Campeonatos Universales de Sistemas de más de ocho planetas.

Tras este paréntesis, vuelvo a donde lo dejé. Como decía, a menudo me parece que vivimos en el mundo de la corrupción y la ilegalidad (Disnomia). Estos países que se autodenominan desarrollados y, como consecuencia, Primer Mundo, se rigen por la Dictadura del Capitalismo. Es cierto, políticamente creemos pertenecer a una democracia, pero socialmente el capitalismo es dueño de nuestras vidas.

De verdad que cada vez más a menudo pienso que, inconsciente e involuntariamente, estamos cayendo en la mayor de las trampas. Y lo encubren bajo eso que llamamos consumismo, la enfermedad del Primer Mundo que parece hacernos felices a todos. Porque al comprar, poseemos más cosas, creemos tener mayor calidad y nivel de vida. Pero en realidad casi todos seguimos siendo igual de "pobres" y seguimos teniendo trabajos "basura", independientemente de que nuestros contratos sean temporales o indefinidos (me río de los indefinidos de hoy en día).

¿Quién está seguro hoy en día de que trabaja para la empresa de toda su vida y carrera profesional? Nuestros padres las pasaron canutas, pero al menos ellos tenían cierta seguridad sobre su puesto de trabajo. Un empleado de banca lo era para toda la vida. Un militar podía promocionarse si se esmeraba y lo era para toda la vida. Un profesor impartía clases felizmente, se sentía generalmente respetado por sus alumnos y nunca pensaba en darse de baja. Un médico pensaba en prosperar pero no anteponía el dinero que podía ganar en una jornada a la salud de sus pacientes. Nos domina el capitalismo. ¿O no estáis de acuerdo?

lunes, 18 de septiembre de 2006

Reflexiones de un ególatra: el día que, dicen, cambió el mundo

Cada vez que llega esta fecha (el 11S) me digo lo mismo: "¡Maldita sea, no podía haber ocurrido otro día!" Es un sentimiento completamente egoísta, pero de fácil justificación. Y al expresarlo no puedo dejar de sentir cierto remordimiento, recordando a todos aquellos que, de repente, vieron cómo sus vidas cambiaban bruscamente para siempre. O simplemente vieron con pavor cómo sus vidas se extinguían. Porque muchos de los que estaban atrapados en el WTC, antes de arrojarse al vacío o antes de perecer abrasados o triturados por la estructura al derrumbarse, sintieron cómo transcurrían pesadamente los últimos minutos de sus vidas.

Hoy, dentro de unas cuatro horas, se cumplirán siete años del momento en que, felizmente, contraje matrimonio. Todos los años mi mujer y yo celebramos con alegría nuestro 11S particular, aunque desde hace cinco quedó marcado por la tragedia.

Decían en la televisión que es raro encontrar a alguien que no recuerde dónde estaba ese 11S. Seguramente es cierto. En mi caso, estaba celebrando mi segundo aniversario, concretamente en Estambul. Imaginaos cómo nos sentimos al saber lo que estaba sucediendo, estando en un país musulmán (aunque oficialmente se consideren un país laico). Esa noche fuimos al famoso barrio de Kumkapi a cenar pescado y apenas había turistas en los restaurantes. Casi todos seguían viendo las noticias, encerrados en sus habitaciones. El resentimiento era común, pero no podíamos quedarnos en el hotel.

También nos han contado que el número de víctimas de los atentados sigue aumentando, a causa del polvo tóxico y las cenizas que respiraron, a pesar de la protección de las máscaras antigás que usaron. Muchos de los voluntarios que retiraron escombros mientras perduró la nube de polvo y cenizas hoy han perdido capacidad pulmonar, han contraído alguna enfermedad respiratoria o sufren de cáncer. Sin embargo, no han hablado de cifras, seguramente para no quitarle valor a los casi tres mil fallecidos del WTC y los otros aviones estrellados.

Y la coletilla más usada es, cómo no, que aquel día el mundo cambió para todos. Ahora ya no nos sentimos tan seguros cuando viajamos, o no confiamos en el vecino de al lado. En realidad, eso no es lo peor, porque cuando viajamos nuestro autobús se puede salir de la carretera o nuestro avión puede perder el tren de aterrizaje, sin necesidad de que intervengan los terroristas. Y nuestro vecino puede ser todo un hijo de su madre sin que esté adscrito a ningún clan fanático y peligroso. Lo peor es que desde aquel día todos y cada uno de nosotros, lo queramos o no, odiamos más profundamente, pero no sabemos hacia qué o quién enfocar ese odio. ¿El enemigo invisible? ¿Quién es el verdadero enemigo invisible?

sábado, 16 de septiembre de 2006

Reflexiones de un ególatra: El hombre como animal

En la calle, en sus casas... la gente se indigna porque seguimos provocando guerras y más guerras. ¿Por qué culpar a un único país o a una organización de naciones? Todos estamos involucrados. Todos somos culpables.

¿Se conocerá esta época en el futuro como la era de las guerras? Siempre ha habido guerras, pero, ¿no nos parece que se están produciendo demasiadas simultáneamente? Para colmo, en algunos sitios se están matando sin que lo sepamos. Allí no hay nada que tenga valor como para que deba mencionarse en las noticias.

Decimos que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces en la misma piedra. Me parece una exageración. En realidad, en resumen, el hombre es un animal. Y, como todos los animales, se deja llevar por sus impulsos. Instintivamente, lucha por los recursos. Como hacen las colonias de hormigas cuando comparten un territorio que sólo puede pertenecer a una de las comunidades.

Por tanto, el problema no es que el hombre, siendo el único animal dotado de raciocinio (que sepamos), no sea capaz de detener los conflictos. Ni siquiera que siga provocando otros enfrentamientos a lo largo y ancho del planeta. El problema es que no utilice su inteligencia para lo que debe, para arreglar los contratiempos y resolverlos mediante el uso de la razón y la palabra.

Desaprovechamos nuestras capacidades. Desdeñamos nuestras grandes facultades. Lo hacemos al elegir la vía más cómoda y rápida (a corto plazo).

Sin embargo, nos equivocamos. La vía más cómoda y rápida es llevarse lo mejor posible con todo el mundo. Emplear la diplomacia (la hipocresía sin queremos llamarla así, una de las virtudes del ser humano) para vencer la animadversión entre facciones.

Pero, claro, el ser humano recibió otros dones junto con el raciocinio: la ambición. Y el poder, el dinero, son, para la mayoría de nosotros, cosas mucho más deliciosas y reconfortantes que los frutos de la generosidad y la solidaridad.

martes, 1 de agosto de 2006

Viajes: Nueva York

Era 4 de julio. Un día festivo, auténticamente estadounidense. Pero nosotros ni nos enteramos, porque llegamos a Nueva York de madrugada.

Salimos esa mañana de Sevilla en AVE hacia Madrid y nos desplazamos al aeropuerto, a la lejana y novísima Terminal 4. Como llegamos con tiempo, los empleados de British Airways nos atendieron con calma y sin prisas. Facturamos nuestra única maleta, una grande y roja de treinta kilos que no pasaba desapercibida. No la recogeríamos hasta llegar a Nueva York, aunque hacíamos transbordo en Londres.

La magnífica conexión aérea de Londres resultó ser más que fastidiosa. ¿Por qué ajustan tanto las conexiones los operadores de paquetes de viajes? Nuestro vuelo desde Madrid se retrasó un poco y estuvimos a punto de perder el vuelo a Nueva York. Tuvimos que correr, mal informados (nadie nos indicó qué debíamos hacer), saltarnos a la torera al vigilante de los arcos detectores para no hacer la larga cola, tomar el primer autobús desde una terminal a otra de Heathrow y seguir corriendo como gamos, con mochilas encima, hacia la puerta de embarque. Afortunadamente, el vuelo a Nueva York salía con retraso y habían avisado de que unos cuantos pasajeros llegábamos tarde.

A continuación, ya a bordo, nos esperaba un vuelo de más de seis horas en el que intentamos dormir, leer y ver alguna de las películas que emitían (las traducciones eran en versión mexicana, pero bueno...).

Llegamos a Nueva York una hora más tarde de lo previsto. Tuvimos que esperar una hora en inmigración hasta que pasamos los controles (sin problemas y ante un simpático agente de inmigración, todo hay que decirlo). Allí es donde te toman las huellas dactilares y te hacen una fotografía. Te fichan completamente.

Pero en la cinta de equipajes no estaba nuestra maleta... ¿Casualidad? ¿Gafe? No, es que cada vez se trabaja peor. Ya no puedes fiarte ni del rigor británico. De hecho, la historia se repetiría a nuestro regreso. Como las conexiones eran tan ajustadas y había que desplazar el equipaje entre terminales en Heathrow, no les daba tiempo a hacerlo y generalmente las maletas se quedaban en Londres, esperando el próximo vuelo. Tanto es así que el personal de tierra nos informó de que nuestra maleta era, en efecto, una de las que se había quedado en Londres. Ya lo sabían.

Salimos a poner la correspondiente reclamación (el llamado Property Irregularity Report) y nos aseguraron que tendríamos la maleta en poco tiempo. ¡Qué ingenuos! Estábamos a tantos kilómetros de Europa...

Lo peor de todo (lo de la maleta, vista nuestra experiencia en Cuba y Berlín, ya casi nos lo esperábamos y llevábamos varias mudas en el equipaje de mano) fue la actitud de la persona que venía a recogernos. El hombre estaba cansado y llevaba varias horas esperando para llevarnos al hotel. Quería marcharse sin esperar a que arreglásemos lo de la maleta. Pero con buenas palabras le convencimos. ¿Qué culpa teníamos nosotros de su espera, de las demoras en los vuelos? Nosotros habíamos pagado aquel desplazamiento a la ciudad y no podía irse.

Hacia la una de la madrugada, después de pasar por calles desiertas (la gente se había recogido tras el día festivo), llegamos al hotel. Y como estaba en la calle 46, pegadito a Times Square, salimos a dar un paseo, entre carteles luminosos, sin apenas tráfico ni viandantes. La primera experiencia fue extraña, incluso algo decepcionante. Nueva York vacía. Su punto más tumultuoso, vacío. Pero locales como el McDonald's o el Starbuck's estaban abiertos, así que tomamos un refrigerio antes de irnos a la cama.

La larga noche se hizo muy corta. Con el cambio de horas y las cabezadas que habíamos echado en el avión en seguida estuvimos despiertos. Vimos Nueva York a las siete de la mañana, y ya estaba llena de transeúntes. De hecho, debido a su situación geográfica, amanecía sobre las cinco y anochecía casi tan tarde como en España, así que los días eran larguísimos. Había que echar bien las persianas por la noche para que el resplandor no molestara mientras dormías.

Por otra parte, el Hotel Paramount estaba muy bien. Las habitaciones eran pequeñas, pero estaban decoradas con mucho encanto, todas de blanco y con un enorme cuadro en la cabecera de la cama representando alguna pintura del genial Vermeer.

Hotel Paramount

El vestíbulo, en cambio, era enorme. Creo que en algún momento fue un teatro o una sala de espectáculos. Y el personal, amabilísimo, nos ayudaba en todo con mucho interés. A esto había que sumar que se encontraba en la calle 46, justo al lado de Times Square. En la siguiente fotografía podéis comprobar que, desde las inmediaciones del hotel, se podía vislumbrar dicho lugar.

Calle 46 junto a Times Square

Como ese día teníamos incluida la visita panorámica por la ciudad en autobús, no nos alejamos mucho del hotel. Paseamos hacia el sur por la Octava Avenida, después de desayunar en un bar típico de la Séptima, y luego volvimos al Hotel Milford Plaza, cercano al nuestro. Allí, justo cuando comenzaba a llover, nos recogía el guía para la excursión, que resultó muy interesante y fundamental para conocer rápidamente la ciudad, ya que recorrimos la Gran Manzana desde el Harlem hasta el Downtown, bajando por la Quinta Avenida.

Durante el trayecto, vimos entre la niebla y bajo la lluvia, entre otras cosas, el Flatiron Building (en la foto) y el Empire State Building y nos asomamos a la bahía desde Battery Park para contemplar la Estatua de la Libertad y la Isla de Ellis.

Flatiron Building

Esa misma mañana tuvimos nuestro primer encuentro con una de las numerosas y simpáticas ardillas que pueblan los parques de Nueva York. Al término de la excursión, decidimos quedarnos en Downtown para pasear por los alrededores de Wall Street, visitar la Trinity Church y su cementerio, la iglesia de San Pablo, la Bowling Green donde reposa el famoso toro de la Bolsa, y la Zona Cero (bajamos tres de las seis plantas de sótano en el sitio donde se levantaban las torres gemelas y donde ya han reabierto una estación de metro que comunica con New Jersey). Comimos en uno de esos famosos Delis que abundan por la ciudad (éste tenía incluso una planta superior con mesas).

Cementerio de Trinity Church

Terminamos la tarde aventurándonos a recorrer el puente de Brooklyn, desde el cual hay vistas maravillosas tanto de Brooklyn como de Manhattan y también del East River y el puente de Manhattan.

Brooklyn Bridge

La caminata por Brooklyn Heights resultó mucho más entretenida de lo que podíamos esperar. Recorrimos esas calles, llenas de mansiones, el centro neurálgico de Brooklyn (si puede llamarse así, pues hay otras zonas residenciales igual de importantes junto a Prospect Park). Si ya nos había llamado la atención TriBeCa (el Triángulo bajo Canal Street, en Manhattan), más nos gustó este tranquilo barrio. Estuvimos mirando precios y una de estas casitas podía costar tan sólo 750.000 dólares. Total, al cambio... Psssh.

Antes de volver en el metro (aquí lo llaman Subway), nos detuvimos a contemplar las vistas desde el Brooklyn Promenade. Pero ya no teníamos fuerzas para acercarnos al River Cafe, junto a los pilares del puente. Eso quedaría como uno de los pretextos para regresar a Nueva York más adelante. Al final del día, ni rastro de la maleta.

Brooklyn Promenade

Los días que siguieron antes de emprender el circuito por Canadá, 6 y 7 de julio, fueron muy intensos. Nos dimos nuestras buenas caminatas por todo Manhattan.

El jueves recorrimos Midtown, empezando por Rockefeller Center, la Quinta Avenida y alrededores. Como seguíamos sin maleta y, por tanto, sin ropa, aprovechamos para ir de compras. Naturalmente, dejamos Cartier, Tiffany's, Prada, etc, para meras visitas. Las compras las hicimos en Levi's. Pero, en general, es muy recomendable dedicar un rato a las tiendas y visitarlas como si fueran museos. Esto ocurre también con Disney y Toys'R'Us (que tiene una noria en funcionamiento dentro).

Atlas de Rockefeller Center frente a la catedral Saint Patrick

En cuanto a edificios, destacaría nuestra primera visión del Chrysler Building, sin duda el más hermoso, y el Citicorp Building, cuya cima es oblicua y cuya base queda soportada por cuatro espectaculares pilares nada más. La arquitectura puesta a prueba.

Park Avenue

Tras visitar la juguetería FAO Schwartz, donde Tom Hanks hizo su baile musical sobre el gigantesco teclado de piano en el suelo (aún hay uno expuesto y utilizable), bajamos por Park Avenue y tomamos el metro hacia el SoHo y Greenwich Village, dos zonas bohemias y muy plácidas por las que es obligatorio pasear... y a las que hay que volver.

Washington Square

Al día siguiente, continuamos en Midtown, pero en lugar de subir hacia el norte, nos dirigimos al sur, hacia el Empire State Building, el Madison Square Garden y Herald Square. Merece la pena seguir bajando hasta Washington Square, donde se levanta el Flatiron Building, y Union Square, donde se instala un mercadillo de verduras, plantas y frutas. Allí cerca encontraréis un restaurante vegetariano muy recomendable, el Zen Palate.

Empire State Building

Volvemos por South Park Avenue, pasando por la Gran Central Terminal, un edificio magnífico y enorme, majestuoso e impresionante. Desde allí, las vistas del Chrysler Building ya son apabullantes.

Chrysler Building

La calle 42 nos lleva hasta la Biblioteca Pública, tan famosa por todas esas películas que la han aprovechado, y un poco más allá, Times Square, de nuevo. Por la tarde nos espera el Museo de Historia Natural, con sus dinosaurios. Es viernes y los viernes la entrada es gratis a partir de las cinco. Bueno, en realidad basta con dar un pequeño donativo. El problema es que sólo tienes tres cuartos de hora para la visita, pero al menos vemos unos cuantos fósiles.

Natural History Museum

Aunque a esas horas ya estaría cerrado, intentamos ir al MET (el Museo Metropolitano) cruzando Central Park. Pero atravesamos las Ramblas, un área boscosa y llena de senderos donde nos extraviamos. Es decir, sabemos a donde vamos, pero todo es tan frondoso y retorcido que resulta imposible llegar al otro flanco (a unos 800 metros) en menos tiempo. Antes de salir del parque, vemos a Alicia con el Conejo Blanco y el Sombrerero Loco.

Alicia en Central Park

Para terminar el día, cogemos un taxi y le decimos que nos deje en el Empire State Building. Aún es de día y queda tiempo para que anochezca. Queremos subir a la cima del rascacielos y ver el atardecer desde arriba. Las vistas desde allí son tan espectaculares de día como de noche. Para no pagar la entrada dos veces, basta con acercarse al ocaso.

Vistas desde el Empire State Building


El 14 de julio, después de varias horas de autobús y tras una semana por Canadá, necesitábamos despejarnos, así que dimos un paseo por Midtown. A la espalda de la Biblioteca Pública está el Bryant Park, unos jardines con mucho encanto desde los que pueden verse entre otros edificios el Bryan Park Hotel, de fachada oscura y ornamentación dorada.

Bryant Park

Nuestra caminata nos lleva hasta veinte calles más abajo (más al sur), donde se encuentra el barrio de Chelsea, lleno de calles arboladas con acacias y casas elegantes que denotan el claro ambiente residencial y pudiente de esta zona. También hay espacio para los artistas, que tienen exposiciones permanentes de sus obras. Uno de estos lugares, antiguamente frecuentado por artistas e intelectuales (como Arthur C. Clarke) es el Chelsea Hotel.

Chelsea Hotel

Nuestros últimos pasos antes de volver al hotel nos conducen hasta el Empire Diner, uno de los restaurantes típicamente estadounidenses más célebres de la ciudad. El exterior es cromado, con una confortable terraza y velador. Pero nos fuimos dentro, para deleitarnos con la suculenta hamburguesa de cordero mientras escuchábamos la música del piano en directo.

Al día siguiente, utilizando el metro, nos desplazamos hasta el SoHo (South of Houston Street), un barrio donde se ha reutilizado muchos almacenes convirtiéndolos en edificios de apartamentos, los conocidos lofts, antes tan rentables y ahora tan caros, como todo lo que se pone de moda y sufre demanda.

Siguiendo hacia el sur, igual que hacía Bruce Willis en su huida en 16 blocks, nos adentramos en Chinatown. Canal Street es una calle llena de gente y comercios donde se vende toda clase de falsificaciones, algunas de calidad, imitando a las grandes marcas: relojes, bolsos, joyas... Algunas compras merecen la pena. Pero el ambiente puramente chino está más al sur, en calles como Mott y Perl.

Perl Street
Perl Street

Todos los rótulos y los carteles aparecen en chino, incluso los de los McDonald's. Hasta Confucio tiene su lugar aquí, en forma de escultura en Chatham Square.

Chatham Square
Chatham Square y Municipal Building detrás

Si vamos hacia el norte, encontramos Little Italy, con restaurantes italianos de excelente calidad, aunque sus dueños son casi siempre chinos. Los chinos se van expandiendo hacia el norte y, de hecho, la comunidad italiana se ha ido desplazando a otros barrios.

Mulberry Street
Mulberry Street, Little Italy

Tras probar uno de estos restaurantes, terminamos subiendo por el Bowery hasta Cooper Square para tomar el metro y descansar un rato en el hotel. Empiezan los días más calurosos de nuestra estancia y el calor junto con la humedad nos fatigan más de lo habitual.

La tarde del sábado volvía a quedar dedicada a los paseos por Midtown. Subimos desde la calle 46, donde estaba el hotel, por la Quinta Avenida, visitando tiendas y almacenes como los de Disney, para recorrer el sur de Central Park. Es recomendable visitar este parque en su totalidad, aunque sea a trozos, como hicimos nosotros.

Teníamos clara nuestra excursión del domingo, pero nos salió mal porque casi todos los turistas opinaban como nosotros y las colas para entrar en la iglesia baptista más visitada de Harlem nos impidieron entrar a tiempo para ver los coros y los cánticos durante los oficios. Pero visitar Harlem bien merecía la pena y vimos el ambiente que rodeaba a las iglesias, con mujeres y hombres tan emperifollados.

Harlem
Teatro Apollo en la calle 126, Harlem

Emprendimos un paseo hacia el sur, pasando por las calles y avenidas más importantes de Harlem, hasta que paramos en un diner donde servían el típico brunch (breakfast-lunch), un almuerzo rápido. El descanso nos sentó bien y pudimos continuar, volviendo a atravesar Central Park, esta vez por el norte.

Las actividades dominicales en el parque eran típicamente yanquis. Pasamos junto a una piscina rebosante de gente. Cruzamos North Meadow, donde se entrenaban y jugaban al béisbol distintos equipos uniformados. Y llegamos hasta Jackie Onassis Reservoir, un enorme lago cercado con alambrada alrededor del cual suele correr la gente haciendo ejercicio (ha salido en multitud de películas).

North Meadow

A continuación, decidimos ir al sur, hasta Dowtown. Nos apeamos del metro en Wall Street y descubrimos esas calles antiguas donde, entre rascacielos, aún pueden encontrarse algunos edificios bajitos históricos. Durante la semana esta zona zozobra de actividad. En domingo, queda desierta y triste, aunque se puede encontrar algún que otro bar interesante.

Nuestra intención al volver aquí era tomar el transbordador de Staten Island, que es gratis. En una hora se va y se vuelve y las vistas del sur de Manhattan y de Liberty Island son espectaculares. También permite apreciar la envergadura del magnífico puente Verrazzano, que une Queens y Brooklyn con Staten Island.

Downtown
Downtown desde el transbordador a Staten Island


Liberty Island
Liberty Island

Pero lo mejor de la jornada estaba por llegar. Se trataba de una experiencia que recomiendo a todo el mundo: ver Nueva York desde el cielo. Ni cortos ni perezosos nos fuimos al helipuerto de los muelles y contratamos el vuelo de quince minutos. Es una experiencia increíble. Sobre todo si acudes al crepúsculo, cuando el sol dora toda la ciudad.

Vista aérea de Manhattan
Vista aérea de Manhattan desde el helicóptero

Nuestro domingo terminó con una cena en Jekyll & Hyde, un restaurante que es propiedad de Steven Spielberg, ubicado en la Sexta Avenida, cerca de Central Park. Es una especie de parque temático en el que, mientras comes, te sorprenden con actuaciones fantasmagóricas. Resulta simpático, pero no es especialmente llamativo.

Times Square
Luces nocturnas de Times Square

Empezamos el lunes 17 de julio con ganas de emprender una excursión. El metro, después de una hora, nos llevó al sur de Brooklyn, hasta la famosa Coney Island que todos recordaréis por su parque de atracciones. Hay otros dos puntos de supuesto interés.

Coney Island
Coney Island

La amplia playa con el ancho paseo de tablas de madera, en la que pensábamos bañarnos (hacía muchísimo calor) hasta que vimos lo sucio que estaba todo; de hecho, cuando llegamos el personal de emergencias estaba llevando en camilla a una chica que se había cortado el pie con un cristal; cristales rotos había por todas partes.

El otro punto era el Original Nathan's Famous, un restaurante que en su día empezó como un puestecito de perritos calientes que ha prosperado hasta transformarse en una vasta cadena; pero, vamos, que los perritos son salchichas con sabor a salchichas y poco más.

De vuelta a Manhattan hicimos una parada junto a Prospect Park, otro parque de grandes dimensiones, éste en Brooklyn. Aunque se presume de la belleza del mismo en comparación con Central Park, yo prefiero Central Park. Al igual que ocurre en Manhattan, alrededor del parque se han establecido barrios residenciales de lujo, con mansiones elegantes y ostentosas.

Por la tarde, tras un breve paseo por Delancey Street, junto al puente de Williambsburg, descubrimos algunos rincones de Greenwich Village, cuyo ambiente nos sigue llamando la atención. Parte de este inmenso barrio sirve de lugar de esparcimiento y residencia a la comunidad homosexual, que distinguen sus locales con los colores del arco iris.

Terminamos la noche cenando en el Birdland, un club de jazz cercano a nuestro hotel donde disfrutas de buena música y grandes voces mientras tomas tranquilamente un buen plato o una copa.

Como amanece con el mismo calor del lunes, el martes decidimos visitar el MET y seguir haciendo un uso intensivo de los transportes públicos, porque en la calle la humedad es sofocante y apenas caminas unas manzanas ya estás agotado.

MET
Vestíbulo del MET

El Museo Metropolitano de Arte se encuentra en Central Park, en la continuación de la Quinta Avenida (la Milla de los Museos) y por dentro es enorme e inabarcable. Recuerda al Louvre de París. Con la diferencia de que los yanquis, con su habitual petulancia, han comprado y desplazado tesoros de otras tierras (Europa, Asia, etc.) hasta el museo para exhibirlos ante sus visitantes. Así se pueden ver salas y cámaras renacentistas reconstruidas pieza a pieza, templos egipcios como el de Dendur traídos tras la construcción de la presa de Asuán, montones de armaduras de todo tipo... Alucinante.

MET
Patio en el ala de costumbres estadounidenses del MET

Las alas dedicadas a la pintura también son fascinantes, con obras muy importantes en la colección. La única solución es ir viendo lo más importante del museo, pues no da tiempo a detenerse mucho si no quieres pasar la semana entera dentro.

Tras salir del museo, bajamos a Midtown para seguir paseando y cenamos en un restaurante asiático de Broadway, barato y sabroso.

Al día siguiente, el calor ya no era tan insoportable. Pasamos junto al Chrysler Building, camino de los edificios de la ONU. Antes pasamos por Tudor City, un rincón maravilloso, de arquitectura singular y ubicado a nivel superior que la orilla de la Primera Avenida.

Chrysler Building

Cuando llegamos a la ONU ya había concluido el horario de visitas, pero tampoco nos atraía mucho su interior, aún menos en estos días en que debe andar revuelto a causa del conflicto en Líbano.

ONU

En lo que queda de tarde nos animamos a dar otro paseo por Central Park. No nos cansábamos de los paseos por Midtown o cualquier otra zona, pues siempre se descubrían nuevos secretos. Pasamos por el zoológico del parque, donde se celebraba alguna fiesta privada, junto a la piscina de las focas; alimentamos a las dóciles ardillas neoyorquinas, y caminamos hasta el Belvedere Castle, con unas vistas excelentes, y la Aguja de Cleopatra, ese obelisco regalado a Estados Unidos hace décadas por Egipto.

Central Park

La cena fue en Broadway, entre teatros, en un famoso restaurante llamado Ellene's Stardust Diner, donde, mientras cenas, los camareros que sirven a la clientela cantan incesantemente. Todo el ambiente y la música rememora la época de los sesenta, setenta y ochenta.

El último día, jueves 20 de julio, lo dedicamos a compras. Vamos de nuevo hasta Chinatown, paseamos por Little Italy y el SoHo, encontrando tiendas de lo más extrañas, y repetimos almuerzo en un restaurante judío de la calle 47 (el Distrito de los Diamantes). Así íbamos preparando el estómago a la comida mediterránea que tanto nos gusta. A las cuatro de la tarde nos recogían en el hotel y comenzaba el largo regreso a casa, a donde llegaríamos después de volver a perder la maleta (la recuperamos el sábado en Sevilla) y tras más de treinta horas de viaje en total, casi sin dormir. Por eso tardamos una semana en recuperarnos.


Consejos:

Puede resultar un viaje caro. Pero hay que tener en cuenta la duración, las fechas, el hotel elegido (en realidad, el que nos tocó)... Nosotros hemos estado nueve días completos en Nueva York y siete de circuito por Canadá. Nuestro hotel, el Paramount, es uno de los más caros que ofrecía el operador (habíamos elegido el Roosevelt, que está muy bien, pero no había plazas y nos lo dijeron después de confirmar la reserva; sí, así funcionan los mayoristas). Sin embargo, nos encantó el estilo del hotel y, sobre todo, la localización, junto a Times Square. Tenías muchas opciones para divertirte a todas horas, los teatros, multitud de restaurantes, los sitios importantes muy cerca y los dos nudos principales de metro a poca distancia (uno en Times Square y otro en Grand Central Terminal, cerca del Hotel Roosevelt).

Creo que puedes encontrar una estancia de una semana en Nueva York por unos 1500 a 2000 euros por persona. Quizás menos, pero merece la pena un hotel bien situado (luego ganas en tiempo para todo).

En cuanto a los gastos una vez allí, puedo decir que gastamos menos de lo que esperaba. Voy comentando punto por punto:

El dinero.
Sugiero llevar dólares desde España o pagar allí con tarjeta (Mastercard o Visa). Algo de dinero en metálico se necesita de todas formas, para pequeñas compras (helados, puestos callejeros y el regateo en Chinatown, por ejemplo).

En cambio, debe evitarse cambiar dinero allí en un banco. Nosotros tuvimos que cambiar 100 euros y en ningún banco ni oficina de cambio encontramos una cuota que igualara los cambios conseguidos en España o en los pagos con tarjeta. Añado que se puede pagar con tarjeta en casi todas partes y es muy cómodo.

El transporte.
Lo más recomendable es el metro. El taxi no es caro, pero lo relegaría a trayectos pequeños, en particular por el tráfico, que en determinadas horas es intenso. Nosotros bajamos por la Quinta Avenida desde el MET hasta el Empire State Building por unos diez dólares y luego volvimos desde el rascacielos (calle 34) al hotel (calle 46) por unos cinco. Es ideal si tienes prisa o no tienes cerca una boca de metro.

Los autobuses te sirven para enlazar entre bocas de metro o llegar a puntos donde no hay estaciones. Pero también depende del tráfico y hacen muchas paradas. No obstante, son cómodos (salvo si van repletos). Las líneas suelen estar numeradas con el número de la calle que recorren principalmente. Lo mejor es hacerse con un mapa de rutas. Recomiendo coger algún autobús para pasear por zonas que a lo mejor no visitarías a pie o para hacer una especie de "tour" por la ciudad, cambiando de una línea a otra. Se puede hacer transbordo con el mismo "ticket" durante dos horas.

Manhattan es enorme, más grande de lo que parece. Las líneas de metro están muy bien, pero pronto te das cuenta de que no hay suficientes bocas de metro. Es decir, tienes que andar para llegar a ciertos sitios. No obstante, sirven perfectamente para las visitas de un turista. Las líneas se cruzan (casi todas en Midtown, en torno a la calle 42) y te llevan casi tan lejos como quieras (como Coney Island, a una hora de Manhattan). En definitiva, el metro es fundamental para el viajero.

Hay dos posibilidades, en función de lo que se vaya a hacer. Comprar una Metrocard y actualizarla con abonos de seis viajes al precio de cinco, que son diez dólares (atención: los fines de semana no hay descuentos de este tipo; nosotros nos enteramos tarde). Funciona como cualquier bono de transportes, como los que hay en Madrid o Barcelona.

La otra opción es comprar un pase de un día completo. Es unipersonal (no puedes pasarla más de una vez por la misma estación) y vale 7 dólares. Si haces cuatro viajes, ya la has amortizado. Y viene muy bien para no agotarte demasiado andando o si tienes que ir a sitios muy distantes en un mismo día.

La comida.
Nosotros hemos probado casi de todo (con excepción de los restaurantes de lujo). Puedes comer en un restaurante de comida rápida (como los McDonald's), cuyos precios se corresponden con los nuestros.

Puedes comer en un Deli, un sitio de esos que abundan donde compras la comida que quieres echándola en un recipiente y la pagas al peso; algunos Deli's tienen incluso mesas para sentarse tranquilamente. La ventaja es la rapidez, pues comes sobre la marcha, sin esperar a nadie. El inconveniente es que puedes comer por poco más mucho mejor.

La opción más recomendable es buscar un restaurante donde te puedas sentar y, al tiempo que comes, descansar, que siempre viene bien. Hay tanta oferta que no cuesta encontrar uno a buen precio. Dos personas pueden comer en cantidad por, a lo sumo, unos 30 dólares (quizás menos), incluso menos si no se piden bebidas (si no se piden bebidas, por defecto te sirven agua del grifo, y esto lo hace casi todo el mundo).

Están los restaurantes típicos estadounidenses, Steakhouses y Diners (hay algunos que merece la pena visitar, como el Empire Diner en Chelsea y el Stardust de Broadway, en el que cantan los camareros).

También hay buenos restaurantes asiáticos (es mejor buscarlos en Midtown que en Chinatown) e italianos (sin necesidad de ir a Little Italy, aunque en este barrio están muy bien). Y está la comida kosher, la comida judía, muy parecida a la mediterránea. Encontramos un restaurante muy económico y muy bien atendido en la calle 47, entre las joyerías, en el que repetimos de tanto que nos gustó.

Los precios suben en casos como los siguientes:

- Comes en Planet Hollywood (un capricho que suele ascender hasta los 50 dólares más o menos).

- Comes en un lugar con espectáculo (hay entrada a parte o la propina es mayor). Nosotros fuimos al Stardust; los precios de los platos son normales pero la propina era del 18%, superior a lo habitual. También fuimos al Birdland, para escuchar jazz y música en directo; pagabas diez dólares por entrar y tenías que consumir otros diez dólares como mínimo, pero merece la pena. Los artistas son tan buenos que resulta hasta barato. Mientras comes, escuchas a los cantantes el tiempo que quieras.

- Comes en un lugar especial, como el restaurante giratorio de Niágara o el del Marriot de Manhattan. Los precios empiezan a dispararse.

Restaurantes recomendados:

- Zen Palate, vegetariano oriental a buen precio. Había uno en una de las esquinas de Union Square, pero lo han cerrado (qué pena). Los otros dos están en el distrito financiero (104 John Street) y en distrito de los teatros (663 Novena Avenida con Calle 46).

- Birdland, restaurante para cenas musicales, muy americanas y románticas. A unas manzanas de Times Square, en 315 West 44th Street, entre la Octava y la Novena Avenida. No es caro si tienes en cuenta que puedes cenar algo mientras ves actuaciones musicales a la americana.

- Taam Tov, restaurante judío en 41 West 47th Street (Distrito de los Diamantes), en el tramo repleto de joyerías. Comida a buen precio y mediterránea, exquisita. Está escondido entre dos tiendas y se sube a un tercer piso por unas escaleras.

- Empire Diner en 210 Décima Avenida con Calle 22, barrio de Chelsea. Típico restaurante americano. No es barato, pero te sentirás en Estados Unidos y allí probamos la mejor hamburguesa.

- Ellen’s Stardust Dinner, en 1650 Broadway. Mientras cenas, los camareros cantan (la propina es mayor de lo habitual precisamente por eso). Todo un espectáculo.


La propina.
Es casi obligatoria. Te la puedes saltar, pero es una institución y muchos camareros basan su salario en la propina. Más o menos, basta con multiplicar por dos la parte de impuestos que aparezca en el recibo. Hay que mirar siempre las facturas, porque en algunos locales se incluye y no hay que darla a parte. Así que pedid siempre el recibo y miradlo bien. Como ya he comentado antes, hay locales en los que la propina (gratuity) es mayor, posiblemente porque haya algún tipo de actuación.

Otros caprichos.
A quien vaya a Nueva York le recomiendo que ahorre para darse el gustazo de un vuelo en helicóptero sobre Nueva York. El viaje de quince minutos vale en total unos 115 dólares por persona. ¡Merece la pena!